De una forma más clara o más solapadamente, el capitalismo ha sido el sistema económico al que de forma inexorable conduce la naturaleza humana si no se opone una fuerza superior como puede ser el estado o la revolución. Pero si el estado no es vigilante o la revolución se debilita, de nuevo se tiende hacia el capitalismo, ese sistema basado en la propiedad privada de los medios de produccion, en el predominio de la ley de la oferta y la demanda, en la producción de bienes por encima de las necesidades reales y en su desigual reparto.
La libertad económica, por muy bien que suene, trae consigo la esclavitud de la población. Si parece excesivo lo de esclavitud piénsese en los millones de personas que en el mundo reciben un exiguo salario por realizar un trabajo de cuyo producto se detrae una cantidad de riqueza que ya hace mucho tiempo se ha llamado plusvalía. Toda libertad económica trae consigo explotación; no depende de que lo queramos o no, sino de que así se comporta el sistema capitalista si no se le pone freno, y no se le pone freno muchísimas veces. Precisamente por eso hay personas que no están de acuerdo con la libertad de mercado aunque la misma parezca la forma “natural” de comportamiento humano. Lo cierto es que hay millones, muchísimos millones de personas que sufren el hambre y la miseria por es forma “natural” de producir riqueza.
Otra libertad, la de propiedad privada, trae inmediatamente a la mente la forma en que se ha obtenido dicha propiedad. Es evidente que no nos estamos refiriendo aquí a la propiedad privada de una parcela, de una vivienda o de otros bienes de consumo más o menos apreciados. Nos estamos refiriendo a la propiedad privada con mayúsculas, la de los medios de producción: las minas, la tierra, el capital, a tran grande escala que no era imaginable hace solo un siglo. Hay empresas, propiedad de unos pocos, que disponen de un capital superior al presupuesto económico de muchos estados. Hay empresas que son capaces de condicionar los precios con su tendencia monopolística. Los estados luchan contra esos monopolios, pero lo cierto es que la tendencia a la absorción de unas empresas por otras ha sido una tendencia de siempre. Además, los economistas saben que la dimensión de una empresa condiciona su viabilidad. Las pequeñas y medianas empresas no hacen otra cosa sino regular mercados pequeños, que no son el gran mercado al que nos estamos refiriendo aquí, el mundial, el globalizado.
Muchas fortunas se han conseguido mediante el favor político o mediante el acceso al poder político; otras veces mediante la violación flagrante de la ley, otras mediante trampas más o menos sofisticadas; otras veces mediante la detracción exagerada de plusvalías en momentos coyunturales favorables, otras mediante la especulación no productiva, otras mediante prácticas ilícitas como el tráfico de drogas (antes de esclavos) de armas, mediante mafias organizadas que benefician solo a unos pocos. Es sabido que las burguesías europeas del siglo XVIII basaron su prosperidad económica -en parte- en el tráfico negrero. Es decir, los hijos de dichas familias estudiaron en los mejores colegios, en las mejores Universidades, obtuvieron sus títulos académicos, que les permitió escalar puestos políticos, gracias a las fortunas hechas por papá o el abuelito, o quizá otro ascendiente más lejano vendiendo y comprando seres humanos. Si no es mediante un golpe de fotuna o el ahorro contínuo ¿es posible enriquecerse? Pero lo cierto es que solo una minoría de la humanidad puede ahorrar en un sistema crecimentemente capitalista.
La división del trabajo, que tan cacareadamente se pregona (unos aportan el capital, otros la mano de obra, otros sus conocimientos técnicos) parece inofensiva, pero lo cierto es que esa división del trabajo se ha extendido no ya entre los individuos, sino entre partes del mundo, éste se ha troceado, de forma que a unos paises les corresponde un tipo de producción asignada por los grandes oligopolios y a otros países les corresponde otro tipo de producción. Muchos países africanos, asiáticos e iberoamericanos están condenados a aportar minerales, materias primas, alimentos (cuando no encuentran la competencia ventajosa de los países más enriquecidos) mientras que la tecnología, los servicios más caros, la finanzas y las actividades especulativas a nivel mundial están reservadas a los países más enriquecidos. En medio, eso sí, hay una caterva de países-taller que suministran bienes y servicios por precios que no permiten salir de la pobreza a sus poblaciones.
La ley de la oferta y la demanda, llevada hasta sus últimos extremos, no ha sido posible a pesar de los defensores del capitalismo más acérrimo. Cuando un producto abunda su precio se hunde y con él a millones de personas; cuando escasea su precio sube y es inalcanzable para la inmensa mayoría. Entonces es el poder público el que interiviene, pero no para combatir al capitalismo, sino para corregir provisionalmente ese mal de la economía.
También se ha dicho hasta la saciedad que el capitalismo propende a la organización racional del trabajo, pero lo cierto es que la historia nos demuestra más bien un sistema caótico que un sistema racional en este punto. No de otra manera se explican las grandes hecatombes económicas que el mundo ha conocido, las grandes quiebras, las grandes crisis que son inherentes al sistema capitalista: cada cierto tiempo crisis a pequeña escala y cada cuarenta o cincuenta años, como se ha demostrado, crisis estructurales que, sin embargo, no evitan que el capitalismo se regenere como una hidra. El capitalismo se regenera a sí mismo de forma asexuada; no es necesario un agente externo para que lo preñe, sino que se autoinsemina.
Los defensores del capitalismo alaban su utilidad, pero lo cierto es que ha sido útil de forma tan desigual que ha permitido escandalosas e insultantes fortunas y empobrecimientos de generación en generación. La utilidad ha sido para sus monopolizadores, no para las sociedades concebidas en sí mismas. El capitalismo ha degenerado en una economía virtual que no es productiva, que ofrece espejismos engañosos provocando acciones por parte de los productores, de los consumidores, que no obedecen a una forma racional de comportamiento humano. Así se consume desaforadamente cuando una crisis acecha sin que se advierta a primera vista; cuando se produce ya es tarde para evitar la catástrofe. Lo mismo ocurre con los especuladores que realizan operaciones de “ingeniería” capaces de escapar al control de la ley, de los estados y de la sociedad. Cuando esta se percata del fraude muchos de aquellos especuladores ya están en la cumbre del poder político, de la finanza, de la gran industria y es inútil cuestionar la licitud de su ascenso.
No hablemos, porque es un asunto manido, de la tendencia del capitalismo al imperialismo, más en un sentido informal en los tiempos de corren, pero que consistió en la ocupación por la fuerza de territorios y poblaciones haciendo correr ríos de sangre impunemente. Reyes y magnates, exploradores altivos, leguleyos, gobernantes, personajes sin escrúpulos participaron en un festín que una cohorte de ideólogos se encargaban de justificar.
Tambien el capitalismo ha producido el “dumping social”. Las sociedades económicamente más débiles venden productos a precios más baratos obtenidos mediante una sobreexplotacion inmisericorde de la mano de obra, con lo que las sociedades más desarrolladas económicamente ven frenada su orgía productiva, con lo que ello tiene de sufrimiento para millones de trabajadores. El desprecio al medio ambiente tampoco ha servido para edulcorar el sistema capitalista: bosques depredados, contaminación atmosférica, especies orgánicas desaparecidas, amenaza de desertización, efecto invernadero, son problemas que están en mente de todos, pero que, a fuer de sinceros, también los sistemas no capitalistas han contribuido a crear.
Está muy claro por que algunos regímenes comunistas han evolucionado en un sentido de aceptar el sistema capitalista -que permite a una casta gobernante seguir en las poltronas- mientras que las libertades civiles más elementales son conculcadas. Los ejemplos más notables son los de China y Vietnam, pero hay otros. Estos dirigentes se han dado cuenta de que el socialismo, tal y como se planteó durante el siglo XIX, no es posible si no es a nivel planetario. Los regímenes socialistas no pueden subisistir con la competencia de la voracidad capitalista a sus puertas. La solución, en los países citados, ha sido bien miserable: aceptar el capitalismo en economía y negar la libertad en política.
Algunos otros regímenes son aberrantes, como el caso de Cuba, que sin embargo ha empezado a comprender que no es posible seguir empobreciendo a la población con el capitalismo rodeándole por los cuatro costados, aparte los problemas de gestión y honestidad de que sean cumplables los dirigentes de dicho país. Su crueldad en materia de derechos civiles es comparable a los casos de China y Vietnam, pero en los países capitalistas también se ejecuta por procedimientos varios a aquel que estorba en una sociedada que, en buena medida, ha hecho al delincuente.
Los partidos socialistas en el sistema capitalista han quedado desnortados tras los acontecimientos de principios de los años noventa pasados. Las ideologías socialistas no están adaptadas a un mundo globalizado, sino pendientes de adaptarse. El socialismo, en un sentido formal, se ha adaptado al capitalismo sin cuestionarlo (excepción hecha de algunos casos menores y de “outsiders” que no pueden ser considerados, en puridad, socialistas) y así grandes sectores de la humanidad están gobernados por partidos conservadores fuertemente concertados con la gran industria, la banca y los oligopolios.
Pero esta situación no debe llevarnos a engaño: la historia discurre hoy a velocidad distinta -más rápida- que hasta hace unas pocas décadas. Hay sociedades que cuestionan el sistema aunque no hablan de capitalismo, como si hacerlo implicase mencionar tácitamente aquellos otros sistemas económicos que han fracasado históricamente. El mundo de la inmigración, con la toma de conciencia sobre los grandes problemas que afectan a la humanidad, un espíritu crítico que nunca ha dejado de existir y que se abre camino, ciertos grupos conservadores que, sin embargo, han comprendido la necesidad de limitar los desmanes del capitalismo, minorías ilustradas del tercer mundo que reclaman hacerse oir en la globalidad; todo ello quizá nos lleve a un escenario que hoy no podemos dibujar pero sí esperar con alguna esperanza.
No se ha pretendido aquí descubrir nada; solo recordar algunas cosas elementales.


Núm. 3
kiño
5 enero, 2012
Uff por donde empezar… Capitalismo como acaparador del todo.
La visión simplista del modelo capitalista que ataca a la plusvalía para argumentar que en el germen de capitalismo esta el problema, la acumulación de capital siempre me ha parecido errónea desde el punto de vista “humanidad”.
En un juego de suma 0 (es un modelo teórico) recursos disponibles – consumo de recursos = 0 la suma de plusvalías crea un único (o conjunto reducido de ellos) poseedor de todo sería cierto pero hay que recordar que el humano es mortal. Ese punto es un reset del sistema capitalista. Me explico, toda la base de nuestra vida es que a la tumba no te llevas nada y eso hace que lo que nos importe es el flujo de capitales no en si mismo el cumulo de capitales. Aunque desde el punto de vista individuo a lo largo de una única vida falle el capitalismo en una linea temporal más larga no es un sistema erróneo ya que nuestra propia vida mortal hace que no tenga sentido acaparar el todo.
El capitalismo no es el problema es nuestro capitalismo el que esta fallando. Fíjate que si hoy eliminamos la posibilidad de heredar mañana ya no existe el mundo lo entendemos hasta ahora.
kiño
5 enero, 2012
Voy a ir por partes para no crear un supercomentario.
La libertad de mercado crea esclavos.
Creo que es todo lo contrario, lo que pasa es que lo que nosotros llamamos libertad de mercado no lo es. Para crear un producto necesitamos un útil y una fuerza laboral para realizarlo, hasta aquí no creo que tengamos discusión. Ahora bien hay unos componentes intrínsecos a ambas cosas que no son libres, el útil suele requerir de un capital el cual no es libre, puede ser más o menos costoso pero esta regulado por si tienes ese capital o si lo tienes que pedir prestado y la fuerza laboral no es libre tampoco requiere que tenga unos conocimientos que también están limitados (pueden ser secretos incluso). Si el costo de acceso a un capital llamado crédito fuese 0 y el conocimiento fuese libre el mercado seria también libre.
Lo que pasa es que lo que tenemos justamente no es libertad, es otra cosa muy distinta. Por un lado tenemos la propiedad intelectual, que es una barbaridad en si misma. Los descubrimientos deben estar protegidos pero valorados en su justa medida, no por existir un mínimo aporte a un producto debe estar protegido en su totalidad como sucede ahora mismo. Los prestamos están lejos de ser gratis aunque en si mismos no generan gastos, el tipo de interés compuesto que es el que usamos en todos nuestros créditos es una función exponencial y por eso no crece linealmente, en si mismos son una trampa. (hay un montón de fuentes en la red que lo explican). La creación de productos requiere de una concesión administrativa, y esto bloquea la innovación.
Si el mercado fuese realmente libre la globalización ya hubiese sacado de la pobreza a medio mundo pero es al revés, los aranceles, las subvenciones, los impuestos, la necesidad de pasar por aduanas, el tener que pedir permiso para importar, la propiedad industrial de conocimiento, las patentes… hacen que los no exista libertad de mercado global. Si hay libertad de lugar donde producir para las empresas pero no de mercado.
kiño
5 enero, 2012
La división del trabajo por partes del mundo.
Aquí estoy muy en desacuerdo con la idea subyacente que luego expones en el dumping social. No es que la fuerza de trabajo barata nos robe a los trabajadores del mundo desarrollado, es todo lo contrario, la fuerza de trabajo barata de Asía nos permite vivir por encima de nuestras posibilidades reales a los trabajadores de Europa. Compramos unos productos por unos precios ridículos que si tuviésemos que ganarnos la vida fabricándolos a ese precio no tendríamos un sueldos de más que unos pocos cientos de € mientras que nosotros con nuestras patentes bloqueamos la producción de bienes y servicios en el resto del planeta trayendo la producción con alto valor añadido para Europa o mejor aún siendo una economía financiera que con el tipo de interés compuesto acapara un beneficio enorme de la economía global real.
Cuando Nixon se cargo la convertibilidad del dolar y los sistemas cambiarios fijos se la jugo al mundo, convirtió la moneada en un fin en si mismo cuando sólo era una facilidad para el intercambio de bienes y servicios. Ahora nadie tiene forma de saber cuanto vale que cosa en realidad y todo se basa en la “fe” que tengamos en un sistema político monetario.
Que pasa si mañana los Chinos descubren que todas las reservas monetarias que poseen en otras monedas no valen nada, que pasa si las deudas publicas y privadas que son del orden de 3 veces el PIB mundial no se pagan.
No es el sistema teórico, es lo que hemos hecho con el. Los desequilibrios no se han corregido, la globalización que tenía por bandera el libre mercado sólo a creado libertad de movimiento de capitales, la oferta y demanda como reguladora de los mercados no funciona porque el consumidor no siempre esta informado o el propio mercado es capaz de estrangular la oferta en productos que no son elásticos en su demanda (mercado de alimentos), los impuestos a las rentas del trabajo y no a la acumulación de capitales limitan la capacidad de redistribución de la riqueza, el aumento de la productividad sin una compensación equitativa al trabajador por la misma… el capitalismo sin los reguladores adecuados falla igual que lo hizo el comunismo con sus propios defectos de construcción.
soutelo
6 enero, 2012
Mis sinceras felicitaciones a Guereño y Kiño por el excelente ,atractivo post y posteriores comentarios respectivamente..Un placer leerlos a ambos y en consecuencia disfrutar del debate.
Apertas agarimosas
Guillermo Casalderrey
9 enero, 2012
Gracias por el artículo Guereñu.
Y gracias Kiño por las reflexiones.
Son perspectivas diferentes.
Puedes mirar pensar como piensa Kiño la “suerte” que tenemos al poder comprar cosas (fabricadas por chinos que han sido explotados) y de esa forma llegar a fin de mes.
O puedes pensar en que quizás las cosas podrían ser diferentes.
Hay ciertas palabras que me pitan los oídos cuando las escucho,
algunas de ellas son: “vivir por encima de sus posibilidades”.
Sobre todo cuando las usan los políticos para que la gente se sienta culpable.
Una de las características del capitalismo es que hace que su esclavo se sienta culpable de su derrota en lugar de pensar que es el sistema el responsable de su sufrimiento.
Para algunos tener una vivienda y unos servicios es algo que está por encima de las posibilidades de algunas personas. Piensan así simplemente porque no quieren que todo el mundo tenga esas posibilidades. Porque piensan que unos son mejores que otros, lo que todos conocemos como fascismo. Pero como hemos llegado hasta aquí?
El problema de base no es socio-económico.
En que se basa nuestro sistema? En el dinero.
El dinero es lo más importante de todo, nada está por encima del dinero.
Pero qué es el dinero? El dinero en realidad no es nada, no existe, es algo virtual.
Y quien lo crea? Los gobiernos? No, los banqueros. Empresas privadas.
Se “inventan” el dinero. Alguien les pide un dinero, y si les da unas garantías de que lo va a devolver se lo dan. Todo el dinero que circula es por lo tanto deuda.
Y aunque no lo sepas estás trabajando para los banqueros.
Para entender esto mejor recomiendo ver este documental:
http://www.teledocumentales.com/the-money-fix-la-solucion-al-dinero/
Pero no solo eso, trabajas en un sistema insostenible que saquea los recursos de tu planeta de forma irresponsable y no lo tiene en cuenta porque solo le importa la moneda. Pero tarde o temprano -espero que a tiempo- este sistema no podrá seguir existiendo porque los recursos que está usando son finitos y va a necesitar cambiar y tenerlos en cuenta para ser sostenible.
¿Y si en lugar de tener un sistema basado en el dinero tuviéramos un sistema basado en los recursos del planeta?
Los usaríamos los recursos del planeta como base, un sistema sustentable y eficiente.
Que respetaría la naturaleza y usara la ciencia para interpretar sus recursos y aprovecharlos.
(Os dejo aquí este fragmento de una entrevista para entender esto mejor)
peludez
9 enero, 2012
Creo, que no se trata de estar de acuerdo o no con quien firma este artículo. Se trata de una magistral exposición de la deficinión histórica del capitalismo que no atiende a interpretaciones personales o hipotesis sui géneris, si no que, cual manual de Historia, narra la génesis, factores, características y consecuencias del sistema capitalista, y que para deleite del lector, sigue los dictados de la buena sintaxis (ya le gustaría a otros) y, sobre todo, la de saber transmitir en tan pocas palabras lo que, como señala el autor al final del texto, son cosas elementales y que no decubren nada nuevo -aunque algunos parece que se hayan saltado esos días las clases de historia. Un poquito de humildad no nos vendría mal-.
Gracias Guereñu por tus aportaciones.
kiño
10 enero, 2012
Peludez sin querer entrar en una discusión la visión del autor desde un punto histórico si puede ser cierto pero desde la creación del sistema particionario y el dinero fiduciario el capitalismo es otra cosa.
La libertad de mercado es lo que llevan pidiendo la mayoría de los países emergentes. Esto no lo digo yo, asociaciones como Agareso tienen artículos de gran calidad y ATTAC no esta muy de acuerdo con el autor.
Te voy a citar a Alberto Garzón, ahora diputado con IU, no se mete con la libertad de mercado sino con la desregularización del mismo http://www.agarzon.net/?p=36
Otra cita es la de todo un premio nobel de economía explica los defectos de la falta de normas pero no desecha la libertad de mercado:
“Las teorías que desarrollamos explican por qué los mercados sin trabas, a menudo, no sólo no alcanzan justicia social, sino que ni siquiera producen resultados eficientes. Por determinados intereses aún no ha habido un desafío intelectual a la refutación de la mano invisible de Adam Smith: la mano invisible no guía ni a los individuos ni a las empresas -que buscan su propio interés- hacia la eficiencia económica.”
Este premio nobel que por cierto se paso por el 15M Madrid es partidario de la intervención de los estados en la economía para maximizar la eficiencia donde el mercado falle pero no descarta capitalismo.
No se si me criticas a mi en tu comentario pero bueno me he dado por aludido y como interpretas que no tengo humildad por lo que te aclaro que en realidad no tengo ni puta idea por eso leo y copio a personas que saben mucho más que yo.
J. Luis López de Guereñu Polán
23 febrero, 2012
Me reafirmo que el capitalismo (no el nuestro ni el del vecino) es el problema y creo haberlo argumentado, aunque otros lo harán mejor que yo. También fue el problema el sistema esclavista… y se superó… y el feudal… y se superó. Por ahí quiero yo que vayan las cosas, pero no lo veré.
Jim
17 abril, 2013
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own blog (well, almost…HaHa!) Wonderful job.
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