El chorizo es uno de los embutidos preferidos por los españoles. Su sabor es una explosión visceral deliciosa, capaz de seducir al más mojigato, sobre todo si va acompañado de un buen vino.
Y precisamente la amistad culinaria me que nos une a esta delicia me lleva a hacerle un homenaje, a la vista de que en los últimos tiempos estamos acudiendo a esta palabra, con mucha frecuencia, para designar a todo tipo de mangante y bandido de las finanzas y la gestión pública. Y me parece un término adecuado, si se tiene en cuenta la procedencia palustre de ambos elementos; celebro el salto que ha hecho este alimento, de la charcutería a la vida pública de este país. Aunque haré algunos matices.
Aunque la definición de la RAE es perfecta para describir a este personaje turbio de la Administración, “pedazo corto de tripa lleno de carne, regularmente de puerco, picada y adobada, el cual se cura al humo” (mediático), el chorizo ibérico, a diferencia del político, tiene pedigree, denominación de origen. Tiene, eso que se llama, calidad. ¿Por qué?. Porque pasa una serie de controles; alimentarios, de elaboración, crianza…
Por su contra, el político no es famoso por pasar controles, y mucho menos de calidad. No tiene que demostrar méritos, ni tampoco grandes dotes intelectuales. Con tener cartera y aportar la limosna al partido, bendecido será por sumo sacerdote. No pasa controles fiscales, y si algún magistrado descarrilado se atreve a tocar la solfa a alguna Excelencia, rápidamente aparecerán movimientos (incluso inventados ex profeso) o bien un indulto, poniendo fin a la gesta de la santa Justicia.
En lo que a elaboración se refiere, poca cosa encontramos, si tenemos en cuenta que todo acaba en manos de funcionarios, trabajadores que mantienen en pie la Administración, para entregarle a Su Excelencia el apetitoso plato cocinado con los ingredientes que previamente se le habían entregado. Un plato sazonado con la sal del poder.
Sin embargo, el chorizo español sólo se parece en una cosa al ibérico. El abuso de ambos provoca úlcera sangrante. Y eso lo saben bien las arcas públicas y los trabajadores, exangües desde hace meses. Además, el político tiene la virtud de amputar la verdad a base de repetir una y otra vez la mentira, emulando las aptitudes goebbelianas. Así, alude constantemente al derecho de defensa, a la presunción de inocencia y a la invocación de todo aquel que ha sido objeto de un linchamiento mediático, pese a no haber cometido delito. Es decir, al estilo fundamentalista que hace de la excepción la regla de honor.
A pesar del buen sabor que tiene el chorizo español, es un error que se quiera poner como ejemplo de comida sana, ideal para la dieta mediterránea que gusta en Europa, porque al contrario del teutón o el francés, el español tiene muchos ejemplares contaminados. Pasa lo mismo que con los pepinos, pero con la diferencia de que a los chorizos los mantenemos en circulación.
La versión gastronómica de la política española suele presentarse a la sociedad como un obrero de la política. Un pobre y honrado trabajador que busca con denuedo y ambición, sobre todo mucha ambición, el bien supremo de todos, aunque resulte ser el del hombre invadido por la codicia, que no es otro que sacar la mayor tajada posible de la bodega social. Por ello, su currículum mediático se presenta como un vale de descuento para obrar a su antojo en el gobierno de todos. Vamos, la típica deidad que nunca llega a cadáver político. Ejemplos sobran en la España de la Gran Depresión…
Chorizos hay de muchas clases. Cebolleros, picantes, dulces, oscuros, claros, gordos, delgados. Su variedad y forma es un capricho comercializado desde las esferas más modestas a las más elitistas.
El chorizo político es más pícaro que el amor, porque mientras este se va por la ventana cuando la pobreza entra por la puerta, este embuchado, incluso en la más paupérrima situación resiste, para ver si puede aprovechar una última tajada. Previamente se había encargado de llevarse la riqueza a su casa. Aunque bien es cierto que los chorizos se albergan en casas donde se permita comer cerdo. Y en España uno de los grandes problemas es que comemos demasiado cerdo.
A tenor de lo expuesto, podemos llegar a una conclusión: hay demasiados chorizos, porque hay demasiados cerdos. Quizás la cría debe ser más selecta; menos cerdos y mejores chorizos. Quizás los huertos deben ser abiertos; cambiar las cuadras por un campo luminoso. Aunque esto parece complicado, porque España es un manjar para los cerdos. Es una fábrica de chorizos.
Fotografía: Frabisa


Núm. 3
soutelo
29 junio, 2012
Tienes razón,Xoan Leiro,España es un pais de chorizos polticos,salvo buenas excepciones,que las hay.Chorizos politicos,chorizos empresarios,chorizos banqueros,chorizos-cuervos de la Iglesia,chorizos intermediarios,comisionistas,y un largo ecetera.De acuerdo que estamos padeciendo una crisis provocada por el capitalismo,pero los politicos le hicieron el juego,ahi está el agujero de Cajas y Bancos metidos en el robo inmobiliario y quedandonos todos “mas secos que una paja”.,el caso Gurtel,el caso de los Eres de Andalucia,”el salpicado” a que ve sometido la Corona por su propia irresponasibilidad
,el caso Matas,el caso Divar,ect,ect…es una autentica verguenza.Todo seguirá asi ,si la ciudadania no ejerce del papel vigilante de que se cumpla con las leyes Constitucionales y con el programa electoral que los politicos prometieron a los ciudadanos.En cuanto la ciudadania ,no proteste por el incuplimiento que los politicos hacen de sus derechos civicos no hay nada que hacer……en fin de cuentas toda acción politica se tiene que basar en servir democraticamente y socialmente al ciudadano,éste tiene que demandar y saber demandar,por lo tanto preparemonos para ello,pues visto que los politicos no cumplen con su prometido es debido a que el ciudadano se está portando como un menor de edad,sumiso al picaro politico….
Apertas agarimosas
Guillermo Casalderrey
29 junio, 2012
Gracias Xoán, como siempre por tu generosa colaboración.
El artículo que nos has cocinado hoy toca ese tema que cada día es más visible.
Como bien dices el chorizo político no quiere abandonar su puesto y quiere seguir robando todo lo que puede pues nunca sacia su sed.
Es por ello que creo que debemos luchar contra ese sentimiento de: “ya mejorarán las cosas”.
Y concienciar a la gente de que si no se actúa en consecuencia no solo no mejorarán, sino que la situación seguirá empeorando más y más. Cada vez perjudicando a más personas y cada vez haciendo más difícil la recuperación.
No puede ser que se estén tomando en época de crisis (o más bien estafa) las mismas medidas que en épocas de bonanza económica (o más bien especulación pura y dura).
Nunca han dejado de tomarlos el pelo y va siendo hora de que los gobiernos gobiernen y no que se vendan a los mercados, vendiendo a su pueblo.
Así es Soutelo, la mayoría de los ciudadanos están infantilizados y son analfabetos políticos.
Esto último es lo que más alimenta la existencia de los políticos corruptos al mantenerse muchos ajeno a la política e ignorar que de las decisiones de esta salen cosas como el precio del pan que tiene que comer cada día, el precio de la factura de la luz, las inversiones de dinero público en sectores de servicios, etc…
soutelo
29 junio, 2012
!La jugada “maestra” del capitalismo especulador y del egolatra politico es propiciar”el ambiente adecuado” para que el ciudadano no piense,es decir,..!que no sea ciudadano!
Apertas agarimosas
Miguel Ángel Ríos
29 junio, 2012
Me gusta la ironía del artículo y la metáfora culinaria es, a mi juicio, muy acertada.
Mi opinión es que esta casta política ha devenido (con nuestro consentimiento) en una pléyade muy abultada de indigentes mentales que han pervertido los principios básicos de todo ser humano.
Dígase que principios como la honestidad, la rectitud, el respecto se han quedado en definiciones de los discursos de mitin sin que la gran mayoría de esta casta separa lo que realmente significan y suponen.
Lo peor es que están convencidos que la política es esto que ellos practican y que más se parecen a practicas feudales que a lo que la Sociedad necesita.
No parecen tener conciencia de lo público por sorprendente que esta afirmación parezca pero es así ya que la mayor parte de las veces operan por el sistema del ideario y el pensamiento único que ha aborregado el sentido crítico, condición imprescindible en un verdadero político.
Hay un síntoma, a mi juicio, esclarecedor, y es que cuando se les crítica, con argumentos e incluso pruebas palpables, devienen en soltar discursos repletos de excusas o directamente acusaciones hacia cualquier sitio en vez de la atenta escucha, la reflexión y la argumentación que se supondría en un trabajador al servicio público cuya preparación y conocimientos de la materia que manejan debería de estar fuera de toda duda.
Sobran por doquier estos políticos “profesionales” algunos incluso han llegado a presidentes del gobierno cuyo único mérito es y ha sido el ganar en esta carrera absurda de promesas vacías y mentiras sin castigo en el que han convertido (insisto que con nuestra connivencia) la política en España.
El teatro que han montado es de tal desastre e incapacidad que sólo cabría echarlo abajo y volver a pensarlo.
Esto no va a pasar, quizás no por falta de ganas sino que el cáncer ha devenido en metástasis y sólo queda el requiém.
Mi ilusión y mis esfuerzos vienen en pensar, trabajar y buscar un sistema alternativo a su sistema que demonizarán, harán ilegal y perseguirán los estamentos políticos pero que construirá un futuro con verdadera esperanza, una esperanza que nunca jamás podremos esperar de ningún político chorizo español.
Carlos Domínguez Buròn
29 junio, 2012
Buena colaboración, divertida y con acertada urdimbre, pero no me deja satisfecho porque, pensándolo bien, es una pena que se haya asociado un manjar tan exquisito como el chorizo con esa banda de políticos y empresarios de diversos pelajes que buscan por la directa el enriquecimiento personal, sin el menor escrúpulo. Reivindico al cerdo, marrano o puerco, como se le quiera llamar, ese animal extraordinario que nos brinda tan sabrosos manjares, y ójala se encuentre otra denominación para esos seres indeseables que se aprovechan del bien común, con la mayor desvergüenza.
L. de Guereñu Polán.
29 junio, 2012
Claro que el concejal de mi pueblo es un político que nada tiene que ver con el gran constructor de la ciudad, con el gran banquero, con el gran usurero y especulador; el concejal de mi pueblo puede ser ignorante, puede ser incluso pasivo, puede no valer para el puesto que ocupa, pero es un hombrecillo que anda por la calle como otros miles, que también son concejales. Pero algunos futbolistas de elite, acaparadores, especuladores, financieros, grandes accionistas de las corporaciones industriales, las compañías de seguros y la banca, esos sí que son buenos chorizos, hechos con los mejores lomos y pimentones, capaces de corromper a todo un sistema porque están conectados con otros chorizos internacionales de los que dependen y de donde obtienen sabores y riquezas sin número. Creo que conviene menos odio al político, víctima generalmente de los chorizos de verdad, chorizo a veces por voluntad propia, y fijarse en esos otros chorizos gordos, grasientos, que se extienden como un magma por el mundo corrompiéndolo todo.
soutelo
29 junio, 2012
Luis Guereñu,nadie critica al concejal del pueblo,si a un gran numero de politicos(quedan ,por otra parte sin critica muchos que son muy honrados), lo que se ve hoy en politica desde luego no es nada halagador…las cosas como son.Existe lamentablemente mucho politico profesional…..
No es odiar al politico,los hay muy decentes,pero el numero de gente que se dedica a la politica,una buena parte no tienen interiorizada la politica como servicio publico…
Apertas agarimosas,Luis.
L. de Guereñu Polán.
30 junio, 2012
Estoy muy de acuerdo con Soutelo; solo quise reivindicar al político honesto, sean o no muchos.
Lucía Flora López Pérez
3 julio, 2012
ISO É, MIREMOS CARA O FUTURO: na comida optemos pola comida vexetariana (ou sendo estricto, vegano… crudívora…) e no eido político: honradez, confianza no outro, sentimento de comunidade e diálogo.
(Centrarse no pasado anula moi moito todo intento de medrar)