Estrategia, por Joaquín Pisciottano.

Posted on 29 agosto, 2011 por

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APORTE PARA COMENZAR A HABLAR DE ESTRATEGIA

  “Nadie libera a nadie, nadie se libera solo,

los seres humanos se liberan en comunión”

Paulo Freire

La idea de estas páginas es aportar a la construcción de espacios de intercambio desde los cuales podamos ir direccionando nuestro hacer colectivo. No es su finalidad ser aprobado en ninguna asamblea ni publicado en ninguno de nuestros escasos ámbitos de difusión, ya que la idea es simplemente impulsar un intercambio que nos permita con el tiempo ir cambiando nuestro hacer tanto individual como colectivo. Pero ¿Qué debemos cambiar de nuestro hacer? ¿acaso estamos caminando por mal camino? Bueno, la idea de estas líneas no busca dar respuesta a estos problemas. Es, de comienzo, mucho menos ambiciosa. La idea es sencillamente empezar a proyectar de una forma más conciente nuestro camino, ya que (y esto sí es una crítica) si no definimos hacia donde debe caminar el movimiento, no sabremos nunca si caminamos a buen puerto ni tendremos parámetros con los que medir si las cosas que estamos haciendo son las correctas. Parto del convencimiento de que tanto a nivel individual como colectivo, si uno no define su rumbo hay siempre otro que lo esta definiendo por uno.

Es a su vez una tarea imprescindible si pretendemos no caer en la forma en que hacen política los de arriba, en donde las definiciones estratégicas son decididas siempre por una cúpula aislada de las bases a las que acuden únicamente para que presten sus manos, nunca sus ideas. En este sentido, la verdadera horizontalidad pasa, entre otras cosas, por no cederle la posibilidad de definir nuestros destinos a nadie, por no delegar nuestra soberanía individual ni colectiva. Deberemos entonces ir definiendo colectivamente hacia donde queremos caminar.

Quizás a alguien le parezca redundante preguntarse hacia donde camina el movimiento 15M cuando ya hemos acordado y difundido los objetivos que constituyen nuestro “mínimo común múltiplo”. El tema es no confundir los objetivos con la estrategia. Ésta más bien se establece como los distintos caminos que deberíamos transitar para llegar a aquellos objetivos consensuados. Definir la estrategia sería entonces establecer el punto de confluencia entre hacia donde caminamos y hacia donde queremos caminar. Una forma podría ser la de pensar ese camino como objetivos a mediano y corto plazo.

Intentaré entonces comenzar por aportar elementos que empiecen a aproximarnos al lugar en el que estamos parados actualmente, para luego aportar algunas ideas de hacia donde podríamos caminar en este contexto.

1.  Contexto:

Varias son las crisis que se entrelazan en la actualidad, sin intentar presentar una síntesis de estas, aportaré algunas que nos ayuden a ubicar nuestros pasos en la maraña histórica.

– Crisis contractual.

Estamos evidenciando la culminación de un período histórico cuyo punto de partida hay quienes lo datan en noviembre del 75 y hay quienes lo datan en diciembre del 78. Lo cierto es que las características de este período se concretarían luego del 23-F, con el rey como símbolo máximo de la “democracia” y garante de la “unidad nacional”, la consolidación de un régimen bipartidista a partir de un modelo electoral excluyente y  el intento mantener un imposible consenso social a partir de la negación de los conflictos.

Quedará entre los haberes del 15M el haber logrado establecer el primer cortocircuito en aquel sistema de “Transición del 78”, que como reza algún eslogan “más que transición fue una transacción”.

Hay que recordar que las dos últimas grandes transformaciones estructurales en España fueron contemporáneas de las 2 últimas grandes crisis de carácter mundial; La crisis económica del 29 y sus consecuencias que aceleraron profundamente los conflictos tanto a nivel europeo como del Estado español, proceso que culminaría con el asentamiento del franquismo; la crisis del petróleo del año 73 y sus consecuencias que coincidiendo con la muerte del “generalísimo” marcaron la defunción del modelo franquista. ¿Resulta alocado entonces  pensar que la crisis económica mundial  iniciada en el 2008 marque un nuevo cambio en la estructura social española?

Como señalé anteriormente, el 15M marcó una primera ruptura con el modelo anterior y el comienzo de una “segunda transición”. Lo que queda por ver es como continuará este proceso, la siguiente palabra parece tenerla el PP, y una remota posibilidad es que el futuro gobierno de la derecha encuentra la suficiente madurez política y discursiva para asumir las riendas de este proceso, aunque deberá para ello demostrar que es capaz de dejar al margen muchos de los intereses y dogmas que lo rodean (por ello lo de “remota posibilidad”).

– Crisis en la izquierda a nivel europeo.

Roto el esquema político, los actores deben reacomodarse y reestructurarse para poder sobrevivir. Pero esta crisis es más acentuada en la izquierda, que esta sufriendo una profunda transformación en todos los países de Europa. Asistimos a la crisis del discurso socialdemócrata, ya que por todos lados se ven mermadas las posibilidades de mantener el Estado de Bienestar en consonancia con los augurios de los teólogos de los mercados. Y esta crisis no la generó ningún programa revolucionario, sino los propios lineamientos de la gobernanza económica europea con sede en Bruselas. En sintonía con esto, el pacto transicional implicaba la asunción por parte de la izquierda de un discurso no conflictual, que también se agotó.

En la mayoría de los países europeos las derechas se fortalecen y crecen los movimientos de izquierda al margen de los partidos. Como es de esperar, esta crisis también llegó a las 2 grandes centrales sindicales (CCOO y UGT) por encontrarse estrechamente vinculadas al estado y su actual partido de gobierno. Por ello al tiempo que firmaban con el gobierno el acuerdo sobre la reforma de las pensiones, cerraban bruscamente cualquier expectativa de protagonismo sindical transformador.

Los cambios en los discursos electorales parecen evidenciar la preocupación de la izquierda por encontrar su nuevo lugar a asumir: el PSOE retoca su discurso hacia las hipotecas y anuncia que vuelve a nacer (incluso parece por momentos que Rubalcaba se apartara de Zapatero como si este fuera un muerto político), por su parte dentro de IU nace Izquierda Abierta, que asume parte de las consignas indignadas.

– Crisis del modelo de integración europea.

Claramente no puede compararse el contexto internacional en el que se realizó la primera transición con el contexto de esta segunda transición. La integración internacional de España es radicalmente diferente. Su integración militar en la OTAN, política en la Unión Europea, y económica en el Euro, llevan a que cualquier política de carácter estatal deba acompasarse con políticas a nivel europeo. En este sentido, la divergencia entre los espacios de gobernanza política y los espacios de definición de los lineamientos económicos lleva a una conflictividad permanente entre los Estados y de estos con la UE. La falta de transparencia y de control social sobre los ámbitos de definición de las políticas económicas crece a la par de un creciente distanciamiento al interior de la UE entre los países centrales y los periféricos (si no pregúntenle a los rumanos que para entrar en España tienen que tener ahora carta de trabajo).

Por el momento cualquier acción política que intente modificar el rumbo político y económico debe proyectarse a ese nivel, en nuestro caso como una actividad conectada con el resto de desplazados de los demás países europeos.

– Una nueva concepción del hacer política.

Lleva tiempo gestándose en distintos países un proceso de desprofesionalización de la política por contraste al fracaso de los modelos basados en la representatividad de la sociedad a partir de políticos profesionales… dentro de estos modelos podemos ubicar tanto a los partidos tradicionales que participan en la democracia representativa como a los partidos de izquierda que se autoproclaman “vanguardia del proletariado”.

En el lenguaje tecnocrático neoliberal la política vendría a significar la “administración de la cosa pública” restringiendo el rol de los políticos al de meros gestores. Ante esto el 15M establece una reubicación de la política, más inclusiva y proyectada desde abajo, lo que amplía el ámbito de lo políticamente posible. En este sentido, el principal éxito de los indignados a sido el haber “robado la Política (con mayúscula y en femenino), a los políticos (con minúscula y en masculino)”.

Este nuevo lenguaje político habla de caminar al ritmo del más lento para poder así caminar todos juntos y con más fuerza: “vamos despacio porque vamos lejos” promete la consigna indignada. Desprecia a las vanguardias y quienes se autoproclaman representantes, acusando su enriquecimiento individual a costa de los representados asumiendo en la vía de los hechos el lema zapatista “para todos, todo; para nosotros, nada.” Aparecen a su vez nuevos conceptos como el de “democracia líquida” que buscan sustituir la idea de “representante” por la de “delegado”.

2. ¿Por dónde caminar?

Como una olla a presión que se destapa tras varios años de efervescencia contenida, así empezaron luego del 15M a pulular las propuestas que hasta ese momento el hermético consenso del “pacto transicional” marginaba a discusiones entre amigos, o aún peor, ocultaba en un rincón las mentes y los corazones individuales.

En el plano político cobraron vida propuestas como: listas abiertas, reforma de la ley electoral para dar más representatividad, fin de los privilegios de los políticos, referéndums vinculantes, programas políticos cuyo no cumplimiento permita la revocabilidad. En el económico se habló de impuestos progresivos según la riqueza, mayor regulación del ámbito laboral, mayor participación del Estado en la economía para garantizar la generación de puestos de trabajo, eliminación de paraísos fiscales, cargas y controles hacia el capital especulativo, políticas que pongan tope al crecimiento económico. Así podríamos seguir enumerando ideas que van desde políticas hipotecarias, hasta necesarias reformas constitucionales, pasando por cambios en el plano de las políticas internacionales, en el ámbito militar o en la relación del Estado con la Iglesia y los medios de comunicación.

De la sequía se pasó a la lluvia de ideas y de ésta a una tempestad innumerable de propuestas. Fue entonces cuando se empezó a organizar este caos y a establecer una serie de acuerdos mínimos, buscando resaltar aquellas propuestas que tuvieran amplio consenso. En este campo primaron la reforma electoral, la lucha contra la corrupción, la separación efectiva de los poderes del Estado, a estos puntos luego se sumaron la lucha contra el pacto del euro y contra los desahucios.

2.1. La Multitud contra el Leviatán

“Nuestros sueños no caben en 3 puntos”

Consigna de manifestación de Xixón del 19J

Con este necesario encauzamiento de la protesta social, se nos presenta otro dilema: ¿es posible mantener la complejidad y heterogeneidad del movimiento a la vez que este camina? ¿Es posible y redituable mantener diversas luchas coexistiendo al interior de un movimiento que debe caminar hacia la concreción de determinados puntos? Para responder estas preguntas debemos tener en cuenta que al menos desde los años 60 los movimientos sociales tienden cada vez a una mayor diversificación. Desde aquellos tiempos los movimientos feministas, de homosexuales, de inmigrantes, de desocupados, de ecologistas, etc. fueron minando la ortodoxia de la izquierda y dejaron en manifiesto la existencia de muchos ámbitos y formas de dominación, y por ende, de lucha y resistencia. Es desde esta perspectiva que Hessel establece su llamamiento: “A la gente joven le digo: Miren alrededor, encontrarán temas que justifiquen su indignación – hechos acerca del tratamiento de inmigrantes, de inmigrantes “ilegales”, de gitanos. Encontrarán situaciones concretas que les llevan a fortalecer su acción ciudadana. ¡Busquen y encontrarán!”

Desde este reconocimiento, cualquier ámbito de lucha que se precie como representativo del pueblo o de la sociedad civil deberá presentarse como un espacio no restrictivo, constituyéndose más como un “movimiento de movimientos” que como un grupo. Desde esta perspectiva no sería correcto marginar de nuestra agenda aquellas temáticas en las que no se establezcan consensos. Incluso quizás hasta sería necesario convocar desde espacios que inviten también a aquellos que no quieran dejar su ropaje partidario, tanto político como sindical. (tranki que esta idea la sigo más adelante).

Desde esta perspectiva el 15 M podría ser el embrión del autoreconocimiento de la multitud como sujeto político. Pero ¿a qué nos referimos cuando hablamos de multitud? En palabras de Hobbes la multitud sería incapaz de encaminar acción colectiva alguna ya que “no es una por naturaleza, sino muchos”, por lo que para que esta pueda accionar sería necesario encuadrar esta multitud en una unidad a partir de la representación. Frente a esta visión, Spinoza nos habla de una multitud como la representación una pluralidad que se mantiene como tal en la acción colectiva. Esta multitud existiría entonces en tanto no se la conforme en un Uno a través de una fuerza centrípeta. Desde su perspectiva la existencia de una multitud libre es lo único que puede conseguir que los gobernantes trabajen al servicio de dicha libertad, ya que estos a su vez dependerían de la multitud.

Esta perspectiva nos permite pensar la política superando el problema de la representación, pero nos coloca en un lugar en el que más que canalizar las manifestaciones populares (a través de representantes o de un programa) tendríamos que pensarnos como herramientas que permitan potenciar las luchas que se viven en el pueblo, servir como plataforma para que los movimientos crezcan, para que interactúen, se apoyen mutuamente y articulen sus luchas en determinados puntos.

Sería entonces el contraste y el conflicto, necesario y esencial dentro del 15M si queremos que este se convierta en un micromovimiento sin capacidad de convocatoria, de los muchos que existen. Debemos entender además que son el contraste y las contradicciones las que nos pueden ayudar a caminar sin caer en doctrinarismos, siempre y cuando podamos evitar caer en disputas telenovelescas de facebook.

Entonces, si queremos convocar a la amplia mayoría de la población, será preciso pensar también en lugares de encuentro  entre los movimientos organizados y la ciudadanía sin organizar. Estas nuevas convocatorias deberían reconocer que las personas no pueden despojarse de su historia y su identidad a la hora de participar, ya que si queremos ampliar la convocatoria a ese 99% de la población potencialmente indignada, quizás sea necesario que empecemos a pensar en lugares de encuentro más amplios en los que seamos (como 15M) tan solo una parte, y en el que puedan participar también de forma colectiva los sindicatos minoritarios y de base, los partidos minoritarios e incluso hasta sectores de los sindicatos y partidos mayoritarios.

2.2. Más puentes y menos escaleras.

“Dicen que la necedad parió conmigo,

la necedad de lo que hoy resulta necio,

la necedad de asumir al enemigo,

la necedad de vivir sin tener precio”

Silvio Rodríguez

Como mencioné anteriormente, la capacidad de mantener un espacio heterogéneo va en asumir la existencia de contradicciones al interior del movimiento, la existencia de posiciones discrepantes con la mía… claro que si entendemos que lo nuestro es una lucha, y además de “algo” también hay “alguien” del lado de enfrente, esa política aperturista debe tener un punto de culminación, un más allá en donde se termina el “nosotros” y empieza el “ellos”. Allí el punto puede establecerse a partir de la gráfica que nos presentó Quique, por lo que nuestro margen de convocatoria sería del 99% de la población que no se beneficio con la crisis y que no se beneficia de las “soluciones económicas” que propone el gobierno y que no se tratan más que de un paquete muy viejo de medidas que no buscan otra cosa más que evitar que se detenga el proceso de acumulación-concentración de capital.

Ponga donde se ponga el acento, resulta esencial marcar donde está lo estratégico, asumir donde se encuentra el enemigo es decir contra qué y quiénes estamos luchando. Definir este límite nos llevaría a aceptar que todo el resto de población es potencialmente “indignable”. Esto debe ser tenido en cuenta ya que demostrado está que en una lucha triunfa quien logra potenciarse aliándose con más gente, aislando a su vez lo más posible al enemigo.

En este sentido, el vínculo con otras luchas, no es ni debe ser una cuestión que sea meramente de principios, ni que deba quedar librada a opciones individuales, es un punto estratégico para el movimiento, porque es la única forma de que este se crezca y tenga la posibilidad de participar políticamente en la actual transición. La experiencia del enorme movimiento asambleario que surgió en varias ciudades de Argentina luego del 20 y 21 de diciembre de 2001, que fue diluyéndose con el pasar de los meses parece advertir que sin la capacidad de pesar económica y políticamente, es decir, sin lograr articularse con las instituciones sociales existentes, estos movimientos terminan siendo poco más que un “instante revolucionario” en la memoria colectiva, un lugar que quedará únicamente en el anecdotario de una generación que podrá decir “yo estuve allí”.

Incluso hay quienes desde esta perspectiva acusan el carácter funcional del 15M. En palabras de Benjamin Balboa: “Tómese un sistema agotado y corrupto, una población preocupada y empobrecida, pero llena de ilusiones de consumo y borracha de valores postmodernos inducidos por la televisión y la sociedad de consumo que ésta muestra, con los partidos tradicionales desprestigiados, los sindicatos comprados y la izquierda social inerme. Movilícese a la juventud con un discurso «buen rollista» y que busque la unidad, el cambio, etc, pero todo despolitizado, sin referentes históricos (…) Añada técnicas de comunicación modernas, buen diseño corporativo, animación sociocultural variada y ¿qué tenemos? Pues tenemos una Revolución Naranja.” A mi juicio, limitar el papel histórico del 15M al de una mera válvula de escape de la presión social acumulada sería subestimar el rol histórico que cumplió el movimiento, pero sí debe alertarnos de que las posibilidades de transformación social van a ir de la mano con la capacidad organizativa que tenga el movimiento popular. En esta perspectiva es que podemos afirmar que esto no es, ni esta cerca de ser, una revolución. Más bien lo que nos mostró el 15M es la fuerza que tiene la gente en la calle, marcándonos las enormes posibilidades de acumulación de un potencial proyecto emancipador. Lo que despertó fue entonces, sobre todo, las esperanzas.

2.3. Más catalizadores y menos canalizadores.

En junio Metroscopía daba a conocer una encuesta en la que “El 66% de los españoles se declara simpatizante del 15M; una inmensa mayoría (81%) considera que los “indignados” tienen razón, solo el 9% dice que carecen de argumentos. El 84% añade que el Movimiento trata de problemas que afectan directamente a los ciudadanos.” A pesar del enorme respaldo que marcaron estas cifras fueron aún más los que se quedaron en sus casas que los comprometidos con el movimiento indignado. Sin embargo, claramente están sentadas las bases para que seamos más los que estemos dispuestos a poner nuestro granito de arena para cambiar las cosas, pero lo que falta es actualizar ese momento.

Entonces ¿qué hacer con todo ese potencial? Basados en esas cifras ya hay varios que con sus calculadoras apresuran cuantiosos cálculos electorales, viendo la enorme legitimidad del movimiento y el potencial que implicaría constituirse como su representación. Otros, temerosos de lo nuevo, a lo que no saben como enfrentar, exigen que se constituya el movimiento en partido, es decir, que se tradicionalice para poder controlar. Frente a esto, acertada es la voz mayoritaria de los indignados que proclama que no debe ser necesario constituirse en partido para hacer política, que aboca por un lugar más protagónico del ciudadano de a pié dentro del espectro político.

Pero, si no nos proponemos transformarnos en un partido político, deberíamos dar respuesta a las siguientes preguntas: ¿Cómo actuar políticamente sin constituirse en un actor político tradicional? ¿Cómo impulsar los cambios que se definen arriba sin dejar de estar abajo? Esto implica posicionarse en un nuevo lugar para hacer política, implica darle respuesta a la cuestión ¿qué lugar encuentra en el mundo político la palabra del ciudadano de a pie? ¿cómo hacer política desde la ciudadanía? Responder estas preguntas nos ayudaría a cortar con la visión que concibe a la política como un espectáculo en el que los más somos espectadores de un circo realizado por profesionales.

El primer y fundamental paso que deberíamos dar entonces es comprender que existe una forma de hacer política desde abajo, pero que esta es radicalmente distinta a la de hacer política desde arriba. Implicaría sí centrar las demandas, pero no para canalizar las expectativas diversas de la población, no para constituirnos como representantes, que debamos procesar jurídica y políticamente los cambios que plantea la población. El reto del abajo es aprender a actuar políticamente como multitud, a actuar como abajo, sin dejar de ser abajo. Es este a su vez el reto a solucionar que podría permitirnos que todo este proceso no termine en la mera asunción por parte del gobierno de algunas reivindicaciones concretas, sino que implique un profundo cambio en la forma de hacer política.

¿Dónde deberíamos centrar nuestras fuerzas a la hora de proyectar el movimiento? ¿En tejer lazos con otros “abajos” o en, por ejemplo, presentarle al parlamento un nuevo proyecto constitucional? Debemos decidirnos entre aportar nuestros pocos ladrillos a construir puentes que nos permitan llegar a otros que están a nuestra altura pero que miran el río desde la otra orilla o a construir una escalera que nos permita llegar bien alto y así poder decirle a los que están arriba lo que “pensamos” que los de abajo quieren decirles.

Incluso suponiendo que ingenuamente aceptemos que las profundas transformaciones que requiere la sociedad provendrán de un cambio en el orden jurídico decretado desde algún recinto cerrado, debemos preguntarnos si es viable el reconocimiento institucional de un actor político extrapartidario sin que este se constituya previamente como un contrapoder. La respuesta debe llevarnos a entender que no solo no es viable centrar nuestros esfuerzos en concretar peticiones al aparato político, además esto es también contraproducente, porque desapodera a la ciudadanía subordinando nuestros tiempos y dinámicas a las agendas partidarias.

La estrategia a construir tendría entonces que responderse la pregunta ¿por donde caminar para dotar al movimiento popular del suficiente poder para ser capaces de fundar (e imponer a ese 1%) esa nueva sociedad que nos proponemos establecer?

2.4. Más que exigir calor, tejer nuestro propio abrigo.

Hasta el momento nos hemos centrado como movimiento sobre todo en discutir el “qué”. Hemos acordado una serie de medidas como necesarias, y de ellas hemos resaltado algunas que gozaban de mayor consenso. Debemos entonces pasar a establecer el “cómo”. Y si partimos de la idea de que el camino no será constituyéndonos como partido, debemos establecer como construir un poder suficiente como para tornar vinculantes tales definiciones que hemos tomado.

Los caminos para construir este potencial pueden ser varios; algunas ideas que servirían para llevar al campo de lo concreto las ideas antes mencionadas, y que sirven para comenzar a discutir podrían ser:

– Ayudar a descubrir y contemplar las indignaciones de la gente. Esto fue uno de los elementos que llevó a que  el 15M halla tenido enorme legitimidad y concurrencia. En un primer momento servía como un espacio en el que las luchas se confluían para potenciarse. Este mismo sentido tuvo la marcha a Madrid, en la que los compañeros fueron recogiendo las distintas luchas de los distintos pueblos. En este camino deberían ir también las asambleas itinerantes. Esto va de la mano con lo que decía Hessel en su famoso libro invitandonos a “que encontréis ese motivo de indignacion que os haga sentir vivos.”

– Construir plataformas que nos permitan articular nuestra lucha con la de otros colectivos. Ejemplo de esto puede ser la plataforma contra la privatización de la salud, que esta teniendo importante desarrollo en Catalunya.

Estos espacios no pueden quedar en la esfera de lo individual, sino que se debería proyectar desde el movimiento como potenciar, acompañar y articular estas luchas.

Deberíamos pensar plataformas similares desde las que imbuirnos en los conflictos laborales, cuyo número ira en ascenso, y desde las que podamos vincularnos con colectivos desplazados (y potencialmente explosivos como lo demostraron en Londres): gremios educativos, inmigrantes, colectivos vinculados con el problema nacional, gitanos, etc.

Nuestro papel debería ser entonces el de ir tejiendo lentamente el entramado social, fragmentado por años de desesperanza y confort. Es decir, en lugar de asumir la tradicional fórmula de transformar a la sociedad organizando mejor al Estado, cambiar nuestra perspectiva y asumir la larga y paciente tarea de cambiar al Estado organizando a la sociedad. Y cuando alguien nos encuentre tejiendo pacientemente, recién entonces podremos decirle que “vamos lento porque pensamos llegar muy lejos”.

Joaquín Pisciottano

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