El éxito, aliento para la esperanza.

Posted on 21 octubre, 2011 por

1




El 15 de octubre ya queda atrás, y con cierta perspectiva temporal, podemos confirmar que la respuesta ciudadana a esta convocatoria, goza ya del calificativo de éxito rotundo.

Alrededor de novecientas ciudades de casi un centenar de países, han querido participar en lo que ya se considera la primera convocatoria global de la historia de la Humanidad. Podría parecer exagerado pero pensémoslo: nunca antes, millones de personas en todo el mundo, habían salido a la calle para reivindicar, bajo un mismo lema, una exigencia común: en este caso, el desmantelamiento de un sistema político-económico que blinda y jerarquiza los estatus sociales, al tiempo que encierra a millones de seres humanos en subcategorías de las que es imposible salir.

Tenía que ocurrir, es un proceso que responde a la lógica más previsible; en un momento histórico en el que la globalización, se eleva a su máxima expresión, abarca todas las dimensiones del ser humano y termina por ser considerada la responsable de la mayoría de nuestros males, sólo cabía una respuesta posible: la protesta global.

Sin querer banalizar comparando situaciones que responden a contextos bien distintos, quiero recordar que, a lo largo y ancho de nuestro planeta, hay numerosísimos focos de tensión social que calientan y azuzan la conciencia colectiva de la humanidad. Unos tan antiguos como nuestra propia existencia, otros más recientes, adaptados a las situaciones derivadas del “progreso”, pero en cualquier caso, todos responden al mismo patrón: la deshumanización y la prepotencia del poder.

El poder como concepto, es algo ambiguo, etéreo, intangible, por sí mismo es inofensivo. Sin embargo ¿quién no lo es? Quien lo ejerce, porque antes o después acaba sirviéndose de él en procura de su propio beneficio. De igual forma lo hace quien lo explota en el terreno económico, en el político, en el religioso, etc.

¿Por qué ocurre todo ésto? Me niego a filosofar sobre si el hombre es o no malo por naturaleza. Puede que lo sea, pero si así fuera, creo firmemente que una Sociedad formada, educada en valores universales y que ansía la igualdad y el respeto entre sus miembros, es perfectamente capaz de reconducir a aquellos individuos potencialmente perjudiciales. Si no creyera ésto, no tendría sentido seguir trabajando por el cambio, pues la batalla estaría abocado al más absoluto de los fracasos. Me ceñiré a decir que hemos creado una sociedad cuya filosofía de vida está basada en principios vacíos, carentes de valores esenciales para la convivencia. Somos fruto de la deriva evolutiva de un capitalismo voraz que, mientras pudo servirse de “los negritos”, a los que mantenía lejos de nuestra vista (para evitarnos la mala conciencia), nos iba adoctrinando para convertirse en nuestro dios en la Tierra. Pero lo que “los negritos” aportaban, dejó de ser suficiente y sin darnos cuenta, dejamos de ser “blanquitos ricos” para pasar a ser casi tan esclavos como ellos, pero con una gran diferencia: Los beneficiarios del capitalismo habían aprendido a apretar y no ahogar. Con “los negritos” se había excedido y con nosotros no podía hacer lo mismo. Nos necesita y por eso nos aprieta al tiempo que nos mantiene vivos, somos su latente corazón y la sangre que corre por sus cuentas bancarias.

Lo que ocurre es que hoy, la globalización de la que se han servido algunos para lucrarse y acaparar más poder, ha permitido que el sentimiento de hartazgo se extienda como la pólvora y tal vez estemos a punto de dejar de vernos como “negritos” o “blanquitos” para pasar a considerarnos, colectivamente, víctimas de un enemigo común.

El 15 de mayo, la Puerta del Sol de Madrid, fruto del contagio provocado por lo ocurrido en otros lugares como la Plaza Tahrir (El Cairo – EGIPTO), despertó al tiempo que empezaba a soñar. Sólo cinco meses después, hombres y mujeres de todo el mundo decidieron unirse a ese sueño, demostrando dos cosas fundamentales: la primera es que la razón suele estar del lado de la mayoría y la segunda es que hay esperanza. Desde luego que otro mundo es posible, todos lo sabemos. El ser humano ha demostrado que todo lo que es capaz de imaginar, es capaz de llevarlo a cabo. Sólo hacía falta que la colectividad tomara conciencia de su fuerza, y esto fue lo que ocurrió el sábado 15 de octubre.

Por eso voy a grabar esta fecha en mi memoria, porque creo –con el convencimiento que me otorga mi corta experiencia vital– que ésta será la primera de muchas otras que marcaré en el calendario del nuevo Orden Social, Político y Económico que imperará en el mundo. Con ese convencimiento quiero seguir escribiendo, trabajando y sobre todo, viviendo.

Marcos Couzós.

Anuncios