¡HAY QUE PARARLOS AHORA!

Posted on 29 diciembre, 2011 por

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Cuando un puñado de desalmados, enloquecidos por la avaricia, son capaces de crear una crisis económica mundial, de consecuencias aplastantes y abrumadoras para una enorme masa de la población del planeta, millones y millones de seres humanos derribados a la zozobra, la incertidumbre y la desolación de la pobreza: La crisis ya existía.

Los sueños de estos canallas, de más riqueza para ellos y más miseria y más pobreza provechosa para los demás, la iban hinchando, preparándola para estallar en el momento de mayor cosecha. Son expertos en el manejo de todas las armas para incrementar y mantener sus negocios despiadados. La crisis es antigua para miles de millones de seres humanos, cuyos pueblos no han podido desarrollarse. Los usan para venderles armas, provocan las guerras primero.

Los gobiernos que se las compran hipotecan a sus países a cambio de armas y poco más, con las que se sostienen en el poder y debilitan a sus vecinos. Así se quedan con las materias primas de todos, y todo lo que produzcan, que nunca es mucho y no llega para pagar los intereses de la hipoteca. Son deudas eternas, aplastantes, deudas odiosas, espúreas. Los usan como animales de laboratorio, y algunos, los más afortunados, llegan a ser mano de obra barata. Que mueran de hambre decenas de millones de hombres, mujeres y niños (Un niño cada 26 segundos) no les importa nada, no ven sus muertes ni sus agonías. Su ruina y sus muertes afectan positivamente a los balances.

A estos negocios horribles que van a seguir mientras no seamos capaces de pararlos, se une ahora uno mejor que todos juntos, no menos cruel ni menos odioso: “LA ESPECULACIÓN”. En su grosero delirio, los bandidos que manejan el mundo, han dado con la madre de todas las estafas, la especulación, la dictadura absoluta del papel basura. Ni la guerra y sus muertos y mutilados, ni el petróleo, ni las drogas, ni la carne ni las semillas, ni los fármacos, ni los alimentos, ni el ladrillo ni el cemento son tan rentables.

Los siniestros garrapatones máximos, con la ayuda de los bancos, los banqueros, las bolsas, los mercados y los paraísos fiscales, con la colaboración incondicional de políticos y jueces, tribunales de justicia cuantos haya, y de los medios de comunicación de masas, que son suyos, están cubriendo al mundo de una sombra pesada y espesa de dolor, de desolación y de sangre. En su locura, estos necios quieren un mundo que encumbre a unos pocos en una opulencia enferma, desorbitada y sin sentido. Y desde sus cumbres disponer a su antojo de miles de millones de seres humanos empobrecidos y atemorizados, serviles, derrotados, esclavos.

La economía real, el empleo digno, los derechos sociales, los derechos humanos, los ideales de justicia, de libertad y de dignidad son nada para ellos.

El crédito tahúr y malicioso se vistió de crédito social, innumerables ilusos compraron viviendas con unas hipotecas “benignas” que a corto plazo cambiaron sus condiciones y se convirtieron en tóxicas. Se vieron en la calle sin ahorros, sin viviendas y desolados. Los papeles tóxicos se extendieron por todo el mundo, comisiones desaforadas, suculentas, sobreprecios, nuevas comisiones y nuevos sobreprecios… fueron dejando un rastro de beneficios y despilfarros desmesurados, “enormes”.

El mercado primario, los mercados secundarios, los mercados de futuro… una ola gigantesca de papeles de cualquier procedencia, hipotecas de primer y segundo grado, acciones, pagarés, obligaciones, deuda pública,divisas, todos valían, todo entró en un loco frenesí de especulación, sin otro fin que la abrumadora ventaja económica de unos pocos sobre la ruina y el desconcierto de los millones de otros que no tomaron parte en el juego y ahora cargan con el peso de la catástrofe. Ninguno de los autores de este enorme delito contra la humanidad ha sido procesado ni encarcelado, no se ha pedido responsabilidades a ninguno, muy al contrario, en complicidad con políticos y jueces se han erigido como dueños absolutos y administradores de los despojos. Ahora prestan a los países desfavorecidos el dinero ficticio que han acumulado, fruto de la especulación más criminal y más casposa de todos los tiempos.

Los políticos son sus sucios y obedientes mandados, ávidos de ventajas y suculentas “mordidas” que pagan los pueblos. Los financieros y los políticos se enriquecen, brindan y ríen desaforados y desvergonzados, enloquecidos de éxito “por la corrupción y la especulación”. Los que no han participado en la colosal estafa no son socios, son nadie, masas de vulgares mujeres y hombres que son nadie, que no merecen nada. Sólo servimos para ser explotados, exprimidos, ordeñados, humillados y recortados, amedrentados y aplastados por las miserias, las torturas y la sangre. El hambre que no nos falte, se recorta mejor.

Las leyes más urgentes son las que aseguran prioridad total para los intereses de nuestros amos, los mercados. Las ayudas más urgentes son para los bancos, pobre gente que lo pasa tan mal. Los políticos les sacan de encima los papeles podridos, que ajados ya de tantas especulaciones irritan sus estómagos, y nos los endosan a cambio de dinero vivo, que pagamos los mismos estafados, y aún más, nuestros políticos desde los estados y desde el Banco Central Europeo les prestamos dinero al 1% de interés para que ellos nos lo vuelvan a prestar al 7 y al 8% (una maravilla). Les dieron por lo menos un billón seiscientos mil millones de euros… y les van a dar más, son sacos sin fondo.

La especulación de los mercados con las deudas públicas, la carga de unos bancos opresores y canallas, la corrupción de los políticos y jueces, la carga de los papeles podridos que nos van a seguir matando después de muertos por tiempo indefinido, seremos recortados y vueltos a recortar y recortados de nuevo para pagar los despilfarros y los intereses, y los intereses de los intereses, de intereses de toda esta canallada corrupta y avariciosa.

Nos recortarán y nos recortaremos y seremos cada vez más pobres, más pequeños y más tristes, nuestros hijos nacerán más pequeñitos y más imbéciles, y así hasta que los mandemos parar.

¡HAY QUE PARARLOS AHORA! Es la hora de la paz y la justicia social.

No a las guerras, no a la explotación del hombre por el hombre, no a los salarios y a las pensiones divinas, no a los salarios y las pensiones miserables, son terrorismo económico. Una hora de trabajo es igual a una hora de vida. La vida de un hombre no vale cien, ni ochenta, ni diez, ni cinco veces más que la de otro hombre.

No podemos con la carga de los especuladores, políticos y banqueros que tenemos, no nos los podemos permitir, viven de nosotros muy por encima de nuestras posibilidades. Tenemos que recortarlos, vamos a recortarlos, tenemos la obligación de cambiar el mundo, si no lo hacemos, la vida humana no va a valer nada…

Sebastián Quiroga

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