El verdadero Fraga

Posted on 31 enero, 2012 por

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Me está doliendo muchísimo, especialmente por parte del mundo progresista, la blandura en la crítica, por no decir la alabanza, de las “virtudes democráticas” de Manuel Fraga. A uno le da la impresión de que  los españoles, según va pasando el tiempo, nos vamos infantilizando intelectualmente cada vez más, no discernimos de una forma matizada y elaborada las cosas, no ahondamos en la búsqueda de la auténtica compresión de lo que nos rodea, pienso que cada vez mas nos acercamos peligrosamente a un”encefelograma plano”.

Al leer en la mayoría de los medios de comunicación que ha muerto un demócrata, ¡le llega!. No se puede producir en el interior de una persona, me refiero a Fraga, así como así, una transformación tal, pasar de tener una personalidad superautoritaria y dictatorial, a tener una personalidad democrática con lo que ello significa, pues eso sería un proceso contranatura y no factible, es decir, irrealizable.

Si intentamos hacer un ”perfíl longitudinal” de la trayectoria de Fraga, para mi, arroja un balance  político y personal negativo. Intentaré hacer este “perfil longitudinal” de Manuel Fraga con la máxima objetividad y “echando a un lado” constantemente, cualquier atisbo de animosidad hacia su persona, lo cual pudiera menoscabar la objetividad que pretendo.

Fraga fue un gobernante de mi época, por tanto es un personaje al que, como ciudadano amante de la política, puedo aportar mi opinión al respecto. Manuel Fraga no es, para mí, una referencia política positiva ni muchísimo menos. Desde que se hizo ministro, allá por el año 1963, hasta que salió del Gobierno de Arias Navarro, estuvo  muy a gusto, muy integrado y muy orgulloso él, del régimen franquista que apoyaba, aunque en el ultimo Gobierno de Arias Navarro ya había muerto el dictador. Por supuesto, eso no significa que hubiera muerto también el franquismo, además durante este mandato es cuando se produjeron los desgraciados sucesos de Montejurra, entre otros.

Como Ministro de Turismo fue un portavoz del régimen “ejemplar”, y para muestra “la maravillosa, trabajada y matizada” campaña para justificar la ejecución de Julián Grimaú en el año 1963, y el celo con que se esmeró para que la muerte del estudiante Enrique Ruano a manos de la policía pasara inadvertida ante la opinión pública en el año 1969.

Cuando estuvo en el Ministerio de Interior con Arias Navarro, después de la muerte de Franco, la policía protagonizó el famoso incidente de Montejurra en la que murieron  obreros y carlistas de izquierdas en Vitoria. Cuando el Rey cesó a Arias Navarro, y por tanto se deshizo el gobierno, la siguiente formación fue encomendada a Adolfo Suarez, momento en el que Fraga se sintió muy dolido e incluso habló con el Rey, quien le ofreció en compensación, una cartera ministerial que Fraga rechazó.

Se presentó a las elecciones democráticas, las primeras que se convocaban desde los tiempos de la Guerra Civil, con lo que siete magníficos (siete ministros franquistas), obtuvieron un pírrico y ridículo resultado. En el momento en que UCD legalizó al Partido Comunista, sus declaraciones al respecto fueron claramente desestabilizadoras en aquel difícil contexto histórico, pues afirmó lo que sigue a continuación: “La legalización del Partido Comunista ha sido un verdadero golpe de Estado”.  Dichas  declaraciones las pronunció en plena indignación militar debido a la legalización del partido citado, y cuando el Almirante Pita da Veiga acababa de presentar su dimisión. Entonces, la respuesta de la prensa progresista del país fue muy fuerte con Fraga.

Cuando se elaboró la Constitución siempre fue Fraga el que más reparos ponía a la proposición de leyes progresistas, presentando una gran resistencia al tema de las  nacionalidades históricas. Se abstuvo en el referéndum en la consulta al pueblo para su aprobación y cuando se produjo el intento de Golpe de Estado de Tejero, mantuvo una postura muy pasiva, solamente al final, cuando era conocedor de que el golpe había fracasado, alzó la voz contra la Guardia Civil.

Cuando dimitió Adolfo Suarez, Fraga no podía disimular su alegría, siempre se notó su gran frustración interior al no ser la persona designada por el Rey para pilotar la Transición democrática. A continuación, el presidente del Gobierno fue Leopoldo Calvo Sotelo. Éste  estuvo en el poder año y medio aproximadamente. En el año 1982 subió al poder el Partido Socialista de Felipe González, obteniendo la oposición democrática el partido fundado por Manuel Fraga Iribarne. Éste nunca pudo ganar a Felipe González en las sucesivas elecciones, quedando demostrado que Fraga no tenia el suficiente tirón electoral para ser una alternativa al PSOE. Su fuerte carácter y su perfil autoritario, estaba muy ligado a su mala imagen durante su estancia en los Consejos de Ministro de Franco. Llegó el momento en que abandonó su partido, nombrando a Hernández Mancha como sucesor. Al comprobar que éste no daba el perfil que él deseaba, lo echó con mal gusto, según su estilo, y nombró a José María Aznar, el cual llegó a conseguir la Presidencia de Gobierno, estando en ella dos legislaturas. De todas formas su preferida era Isabel Tocino, pero recibió muchas presiones de su entorno para que ésta no fuera…todo se discutió en las famosa jornada de Perbes donde se convenció a Don Manuel de cual era la mejor opción.

Fraga se fue para Galicia, estando cuatro décadas en el poder. Nada mas llegar construyó un férreo dispositivo político e informativo para así poder gobernar tranquilamente. Los partidos necesitaban un 3,5 % de votos para tener representación parlamentaria, pero él la subió al 5%, distribuyó una buena cantidad de dinero  a los medios de comunicación para tenerlos afín a sus intereses, (que se lo pregunten a la Voz de Galicia, el periódico de mayor tirada de Galicia o que se lo pregunten también a Beiras cuando logró que no fuera más veces de contertulio radiofónico a Onda Cero a Barcelona, en el programa de Julia Otero, so pena de que Onda Cero se quedara sin adjudicaciones administrativas para dicha emisora en Galicia). Se rodeó de unos conselleiros que se desenvolvieron muy bien en la captación de la “clientela política-caciquil” de la Galicia más profunda y de la no tan profunda. Personajes como Cuíña, Palmóu, su socio el cacique Baltar de la Diputación de Ourense, el también cacique Cacharro de la Diputación de Lugo, etc. que fueron piezas claves en la sumisión de la Galicia de “Don Manuel”. Una Galicia que, con todo lo que se quiera ahora decir, no alcanzó la modernidad que se le quiere atribuir. Fraga, siguiendo con su carácter mandón y autoritario, no tuvo la capacidad de lograr una Galicia distinta, moderna, diferente a lo que fuera hasta el momento, una Galicia con entidad propia en lo cultural lo intelectual, lo innovador industrialmente y en lo que compete al medio ambiente. Sí se hicieron unas buenas infraestructuras de carreteras en sintonía a lo que se estaba haciendo en el resto del Estado. Asistimos estupefactos a la construcción de un adefesio que se convirtió en la Ciudad de la Cultura, que lleva su nombre, claro…La transformación que tuvo Galicia fue la misma, más o menos, que tuvieron las demás Comunidades Autónomas en la dinámica que iba suscitando el Gobierno Central y las ayudas que otorgaba Europa a los estados que más lo necesitaban. No puedo obviar la propuesta que hizo al Gobierno Central para la consecución de una Administración Única con la consiguiente transformación del Senado en una Cámara Territorial. Curiosamente un hombre que se consideró antiautonomista en la confección de la Constitución, era ahora, un adalid de todo lo contrario, esto iba mucho en su subconsciente por la no consecución de ser Presidente de Gobierno como siempre lo deseó, y así poder ser el autor de las grandes iniciativas del momento.

En la crisis del Prestige pasó completamente desapercibido, anulado por la iniciativa del Gobierno Central de tomar el mando de la operaciones de la catástrofe. Ahí mismo, le estalló la guerra entre los Barones que le socavaron los pies, con la dimisión de Cuiña por asuntos turbios aprovechándose comercialmente de la catástrofe del Prestige y también con la deslealtad de Baltar y Cacharro Pardo. Don Manuel, con su “entronación” en lo mas alto de la Xunta, no veía o no quería ver las luchas de poder que se fraguaban a su espalda. Se presentó a las elecciones, las cuales perdió cerca ya de los ochenta años, produciendo una imagen bastante lastimera en sus mítines. Una obsesión patológica por el poder le impedía dejárselo a otra gente y hacer una renovación del partido para el futuro; esto era imposible para él, pues su vida era el poder y en él tenia que estar hasta cuando pudiera, no tenía panorámica de partido, su panorámica era él, él, él y él…todo supeditado al más mínimo análisis. Perdió las elecciones por la mínima…, pero las perdió.

Después de perder las elecciones, su familia no paró hasta convencerlo para irse a Madrid junto a ellos. Se presentó al Senado y allí estuvo cinco años. Es aquí cuando demuestra que su talante franquista seguía “insertado” dentro de él. Nunca había condenado las Dictaduras de Argentina y Chile, no condenó  el Golpe de Estado de 1936 de España, no condenó el franquismo. Cuando en el Senado se abordó la Ley de la Memoria Historica, se tuvo que pulir muchas cosas que a Fraga “no le gustaban”, se anuló las referencias al drama de los exiliados reforzando los elogios a los protagonistas de la Transición. Y aún así no dio su voto positivo. También se planteó en el Senado, en la Comisión Constitucional por parte de Izquierda Unida, una moción para rehabilitar la figura de Julián Grimaú, militante comunista. El senador de I.U le acusaba, a dos metros de distancia, de organizar una campaña pública para justificar el asesinato de Grimaú. Fraga levantó la mano para votar NO a la rehabilitación de Grimaú. El PP perdió la votación. Fué la única vez, en cinco años como senador, que Fraga no pidió la palabra para contestar a una alusión directa.

Como señalaba en líneas anteriores, Fraga era partidario de reformar la Constitución a la que en su día puso trabas. Trasncribo las siguientes líneas que escribe el periodista Pablo Ximenez de Sandoval en la páginas de El País: Era absolutamente partidario de reformar la Constitución que él mismo contribuyó a redactar. Le obsesionó especialmente durante años la reforma del Senado, quizá la institución peor diseñada de la democracia, y la promovió desde todas las responsabilidades que tuvo. Quizá pensó que estos últimos años eran la ocasión perfecta para dedicarse en serio a ello. Nada más llegar al Senado, pidió una copia de los nueve tomos de trabajos de reforma del Senado realizados en los años noventa y se puso a estudiarlos y a hacer comentarios a su partido”. No cabe duda de la gran propuesta de Fraga pero, según corría el tiempo, tenía que acomodarse a él y tenía que destacar por su propia personalidad…aunque no la sintiese en el fondo, pero el hecho de estar en la Presidencia de una Comunidad Autónoma le empujó a ello. Él, que tanto combatió en sus días por las autonomías, siendo por tanto muy contradictoria su postura debido a las reticencias que tenia con la actual Constitución cuando se elaboró.

Termino este artículo de Fraga copiando del citado periodista de El País las siguientes nota, que nos dan una percepción de la contradictoria personalidad del autoritario  Don Manuel: En aquella ocasión el senador Enrique Curiel, entonces número dos del Grupo Socialista en el Senado, reconocía por los pasillos los sentimientos contradictorios que le provocaba la presencia de Fraga en el hemiciclo en un debate como aquel. Curiel, fallecido en marzo de 2011, fue un conocido militante antifranquista en la izquierda clandestina. Su amigo Enrique Ruano murió a manos de la policía del régimen en 1969 y Fraga, entonces ministro, ayudó a tapar el asunto. Él mismo sufrió la violencia de la policía y la derecha tardofranquista, en años en los que el anciano senador había sido responsable de la seguridad del Estado. Tres décadas después ambos eran senadores, su voto valía lo mismo. Aquel día, Curiel confesaba a este periodista que “no le importaba” darle la mano a Fraga, aunque no podía olvidar quién era. Para Curiel, hombre de profundas convicciones democráticas y humanistas, la democracia estaba por encima del pasado, pero el simple comentario era en sí mismo doloroso y contradictorio, y revelaba que Fraga jamás sería uno más en el Senado. Su sola presencia en el hemiciclo, sin necesidad de que dijera nada, electrificaba el ambiente cada vez que alguien pronunciaba en un debate palabras como República, guerra, dictadura, exilio, represión, Transición, incluso Constitución. Ahí delante estaba sentado, sin decir nada, un hombre que personificaba en sí mismo muchas de esas ideas.”

Apertas agarimosas,

José Cerdeira Soto

Enlaces relacionados con el artículo:

http://www.elpais.com/articulo/espana/Fraga/anos/pasion/poder/elpepinac/20120116elpepinac_1/Tes

http://politica.elpais.com/politica/2012/01/10/actualidad/1326204690_658401.html

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