Gobierno español versus Roosevelt

Posted on 22 febrero, 2012 por

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Las políticas de “ajuste” que el Gobierno español está llevando a cabo en España, y que se acentuarán cuando se aprueben los presupuestos a finales del mes de marzo (previsiblemente) son -en mi opinión- un verdadero engaño a la ciudadanía, que se ha embarcado en dar su confianza a un partido representativo de los intereses del capitalismo español, ya en el campo de las finanzas, de la industria, de las grandes explotaciones agrarias o de las grandes empresas comerciales.

Contrariamente a lo que, inspirado por la teorías keynesianas, llevó a cabo el presidente Roosevel desde 1933, el Gobierno español está empeñazo en reducir el déficil (exigencia no de la Unión Europea, sino de los ideólogos alemanes de la canciller alemana, es decir, los banqueros) así como de contener la inflación, algo que vendrá dado por añadidura si desciende el consumo al descender las rentas.

En primer lugar la política del presidente Roosevelt fue abiertamente intervencionista en materia económica, tanto para no dejar hacer a la empresa privada lo que le diera la gana (porque esto es lo que había traído la crisis de 1929) como para planificar la economía; y todo ello en una época en que el fantasma del estalinismo asomaba en cualquier momento, pues en la URSS se acababa de llevar a cabo el primer plan quinquenal. Todo lo que se pudiese parecer, siquiera de lejos, a una planificación estatal de la economía, era visto con recelo por la clase media, con hostilidad por el gran capital y con violencia por las mafias existentes en aquel país, como ahora siguen existiendo en España.

Estados Unidos llevó a cabo una reforma de los mercados financieros para que la banca no campase por sus respetos (como había hecho, y como ha hecho en las últimas décadas en España) con el agravante de que en nuestro país unos y otros gobiernos se han encargado de ir haciendo desaparecer la banca pública que existía. El Instituto de Crédito Oficial no es un banco público; es una entidad financiera de otra naturaleza en la que no voy a entrar aquí, pero ha de cumplir la función que una banca pública inexistente debiera tener encomendada. En Estados Unidos, desde 1933 se dinamizó la economía por parte del mismo Estado, es decir, éste se convirtió en empresario, pero con una salvedad: no perseguía beneficios, sino crear riqueza para repartir la renta. No era una revolución socialista; eran una serie de reformas para que el capitalismo pudiese volver a funcionar bajo presupuestos nuevos. La reforma bancaria fue una de las primeras medidas: los bancos desde entonces estuvieron fuertemente intervenidos por el Estado; se ayudó a los trabajadores sin empleo: todo lo contrario de lo que está haciendo el Gobierno español, que reducirá las prestaciones por el mismo, así como congela en la práctica las pensiones y reduce los salarios de los empleados públicos. Una forma de ayudar al trabajo es impulsar los servicios sociales: todo lo contrario de lo que está haciendo el Gobierno español, que reduce las asignaciones en la sanidad, en la educación, en la dependencia a la tercera edad, en las becas… El presidente Roosevelt comandó una política de asistencia social que está en peligro en España porque el Gobierno está empeñado en restringir el gasto público; todo lo contrario de lo que se hizo en Estados Unidos. ¿Como financió dicho país la expansión del gasto? Endeudándose y aumentando en déficit público: todo lo contrario de lo que se pretende hacer en España y en la Unión Europea (Merkel dixit; quiero decir BCE dixit).

El déficit público se recuperará vía impuestos, exportaciones y productividad cuando la economía se haya recuperado; aquellos no pueden aumentarse si el país vive una recesión; no obstante el Gobierno español ha decidido aumentar las retenciones a cuenta del Impuesto de Rendimientos del Trabajo Personal; aumentará el IVA y castigará justamente a aquellos que no hay que castigar: a las clases medias-medias, medias-bajas y desarraigadas o desheredadas. Los autónomos se van a resentir, los pequeños empresarios también; no digamos los trabajadores por cuenta ajena… Quienes no sentirán la crisis, porque para eso está el Gobierno español, es la gran banca, los grandes empresarios y las rentas saneadas, sencillamente porque se confía en que con las reformas que se están llevando a cabo esos sectores sean los que recuperen los activos perdidos por el capitalismo español.

No sabemos nada -de la contrarreforma del Gobierno- sobre los agricultores, cooperativas agrarias, arrendararios o pequeños propietarios agrarios. No hay una sola palabra de cómo se van a redistribuir los recursos; muy al contrario, se acentuarán las diferencias de renta como ya ha venido ocurriendo en los últimos años, y esto le ha costado al Partido Socialista una gran decepción de parte de su electorado. El Gobierno está combatiendo a los sindicatos (todo lo contrario de lo que hizo Roosevelt con la Wagner Act); no gustan los sindicatos al Gobierno porque no gustan a la CEOE, que es el “gobierno en la sombra” del partido gobernante.

En el plano ideológico la Iglesia católica está de enhorabuena, igual que la extrema derecha, la gran patronal y la sociedad conservadora española: se homenajea fuera de todo límite al franquista Fraga; se contrarreforma la ley de interrupción del embarazo; se modifica en un sentido retrógrado  la ley de educación… El Gobierno tiene una ciega confianza en los jueces conservadores para que dejen impunes los delitos de los más antipatriotas de los españoles, mientras se castiga a los que se han comprometido con la democracia y el resarcimiento de derechos. Malos tiempos para España.

L. de Guereñu Polán.