¿Por qué existe tanta corrupción en España?

Posted on 28 febrero, 2012 por

20



Asusta la corrupción que existe en nuestro país. Creo que aún sigue insertado dentro de uno mismo que el que no se aprovecha de la oportunidad que brinda la política es que hace el tonto. Ya no aprovecharse en el contacto diario que tiene con los diferentes sectores de la sociedad, sino, “la plataforma de conocimientos privilegiados para después”. Pueda que esta apreciación pueda ser hiriente para la clase política, pues me consta que hay muchos políticos que se dedican en cuerpo y alma para lo que fueron elegidos y no conocen lo que es el horario dedicado a la familia. Pero por otra parte, también me consta, lo veo, lo intuyo, la cantidad de políticos profesionales que pululan a nuestro alrededor. No hace falta más que leer todos los días “los affaires de corrupción” que florecen que es un primor. Quizás siempre la hubo, el franquismo sociológico representaba en si mismo la corrupción, el enchufe, la comisión porque sí, y eso, no cambia de la noche a la mañana si no se montan las bases para que eso no ocurra… otro concepto de lo que significa la vida y sus valores.

Hay que intentar ser muy responsable profesionalmente y dotado de mucha documentación para poder hacer un análisis aproximado de la realidad, ya que confluye todo una antropología  sociológica local, regional, nacional, global…, densos y meticulosos estudios nos acercarían a ese comportamiento humano que nos conduce a una lacra muy destructiva para las sociedades en convivencia.

He estado ojeando trabajos al respecto y me ha llamado la atención. En la sección Tribuna de El País, hay un trabajo titulado, ¿Por qué hay tanta  corrupción en España?, firmado por Víctor Lapuente Giné, profesor de Ciencia Política en el Quality of Government Institute de la Universidad de Gotemburgo (Suecia).

En mi ignorancia con respecto a estos concienzudos y analíticos estudios, me llama la atención el siguiente párrafo: “Una primera tentación que hay que evitar es la de afirmar que la corrupción está en “nuestra cultura”. Se trata de un argumento peligroso e intelectualmente poco satisfactorio, pero que, sin embargo, goza de cierto predicamento en algunos círculos -posiblemente los mismos que afirmaban no hace tanto tiempo que la democracia representativa o el capitalismo no tenían espacio en nuestra cultura mediterránea y/o católica.”

Adentrándose en su estudio técnico del por qué de las causas de nuestra corrupción, el articulista, escribe lo siguiente: “Como la literatura moderna sobre corrupción señala, las causas de la corrupción no hay que buscarlas en una “mala cultura” o en una regulación insuficiente, sino en la politización de las instituciones públicas. Las administraciones más proclives a la corrupción son aquéllas con un mayor número de empleados públicos que deben su cargo a un nombramiento político. Y aquí, el contraste entre España y los países europeos con niveles bajos de corrupción es significativo. En una ciudad europea de 100.000 a 500.000 habitantes puede haber, incluyendo al alcalde, dos o tres personas cuyo sueldo depende de que el partido X gane las elecciones. En España, el partido que controla un gobierno local puede nombrar multitud de altos cargos y asesores, y, a la vez, tejer una red de agencias y fundaciones con plena discreción en política de personal. En total, en una ciudad media española puede haber cientos de personas cuyos salarios dependen de que el partido X gane las elecciones.”

Al final del artículo, se pregunta y responde al mismo tiempo: “¿Podemos aspirar en España a unas administraciones más flexibles y eficientes y, a la vez, menos corruptas? El principal obstáculo para ello es que aquí el debate público está atrapado entre dos visiones antagónicas e indeseables ambas. Por un lado, los partidos políticos que, amparándose en la rigidez tradicional de la administración pública, han fomentado instituciones que permiten una alta politización de la administración y, por tanto, generan corrupción. Por otro, los representantes de los cuerpos de funcionarios que abogan por el mantenimiento de un sistema de empleados públicos inamovibles. Quien obviamente paga las ineficiencias derivadas de la politización y de la rigidez administrativa son los ciudadanos.”

Me parecen muy acertadas estas reflexiones, captadas por el buen sentido común del buen estudio, aparte de que están muy sencillamente explicadas. Me preocupa si tendrá un desenlace positivo este entramado tan apetitoso para mucha gente. ¿Quiénes deshacen esta madeja perniciosa de la simbiosis funcionario-cargo político-agencias-fundaciones? ¿Hay suficiente estructura para acometer esta titánica tarea? ¿Hay gente dedicada a la política cualitativa y cuantitativamente para solucionar el tema? ¿No hemos llegado a un techo imposible de derribar? ¿No existe mas porquería que máquinas dispuestas a limpiar?

Apertas agarimosas.

 José Cerdeira Soto