A los que se quedan para siempre, por Manolo Torres.

Posted on 16 marzo, 2012 por

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¿En qué estoy pensando? Pues pienso en hace algo más de cuatro años, cuando pedaleando con alforjas entre Luarca y Navia, me invadía la melancolía, y recordaba un año atrás. Recordaba cuando empujaba por los jardines de San Juan de Dios, en Madrid, la silla de ruedas del que ya sería para siempre el abuelo que no tuve, y cómo en aquella paz con fecha de caducidad inminente, él lamentaba no haber visto más mundo. Él que había sido pastor a los 13 años en la Siberia extremeña, él que había sufrido el destierro de un pueblo a causa de un pantano que inundaba los terrenos más fértiles, que se había visto obligado a recorrer media Europa en busca del pan que los necios le habían robado en su tierra. Él que se lamentaba de haber recorrido tanto mundo y no haberse parado a verlo, porque la supervivencia de los suyos primaba sobre los paisajes. Por eso y por otras cosas pedaleaba por el Cantábrico un año después, porque había decidido percibir el mundo con todos los sentidos.

Pienso en que cuatro días después de aquellos días tan intensos, empujando su silla y hablando de lo que realmente importa, lo enterrábamos en su pueblo natal, y mientras el cura se perdía en sermones vacíos, yo leía los nombres de una tumba, en la que a modo de homenaje, figuraban los nombres de los caídos por el bando republicano en la guerra civil. Fue justo en ese momento cuando decidí que quería ver el mundo con los ojos abiertos, por eso cuando pedaleo cerca o lejos de casa, con o sin alforjas, me acuerdo de él y de otros muchos que al irse se quedaron para cambiarme las perspectivas de la vida.

¿En qué estoy pensando? Pues pienso en aquel cabrón que hace 9 meses nos “reventaba” una asamblea, en la que discutíamos sobre la ley electoral, para decirnos, con voz grave y autoritaria que lo que fallaba era la Constitución y por extensión el sistema. Pienso en las siguientes asambleas, en las que al verlo llegar, algunos decíamos: “mierda, ya viene este hijoputa a boicotear…”. Pienso en las polémicas. Pero sobre todo pienso en como sólo 2 meses después nos reíamos juntos, de madrugada, entre cervezas, y comentábamos con sincera confianza aquellas discusiones, porque ya éramos compañeros. Y también pienso en cómo aquella noche, hablando de lo humano y lo divino, dijo que él donaría su cuerpo a la ciencia. Pienso que es una pena que esta vez tardase tan poco en demostrar su coherencia.

Pienso en los madrugadores buenos días con desayuno incluido que llevaba a la acampada a los que hacían turno de noche, en las ricas conversaciones sobre el sistema y el comportamiento humano, en cervezas con bocata para acabar el día… Luego llamadas, visitas al hospital y se apagó.

Pienso en Fernando, que me hizo darme cuenta de que una reforma del sistema era insuficiente, abriendo así para siempre otra perspectiva más en mi vida. Pienso en todos los que han luchado y luchan, de una u otra manera, por un mundo más justo en el que para poder vivir no haya que hipotecar la vida. Pienso en ellos y en todos los que al irse, se han quedado para siempre, porque han influido en mi forma de ver el mundo. Pienso en que cuando yo me vaya, ojalá le haya abierto a alguien una perspectiva nueva, porque así, yo que ya soy también ellos, podré quedarme para siempre.

A Fernando Bandin.

Fdo. Manolo Torres

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