La gran mentira, por Xoán Leiro.

Posted on 24 abril, 2012 por

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El político decimonónico Manuel Ruiz de Zorrilla dijo aquello de que los españoles o son católicos o son racionalistas, que los católicos lo esperan todo de los milagros y los racionalistas de la Lotería Nacional. Y coincido plenamente en que el común denominador del pueblo que me ha tocado conocer no se diferencia en mucho de aquel, por mucho teléfono de última generación que haya o vayamos en bici eléctrica a nuestro curro en la urbe.

La ingenuidad y la simpleza siguen imperando en la sociedad votante que se cree, cada cuatrienio, las falacias retóricas del bipartidismo, para las que tan sólo se necesitan unas semanas y quedarán desmontadas. Aunque nos intentan seducir con la permanente cortina de humo de los medios cavernarios, no nos pueden esconder lo que hasta hace unos meses nos vendían sobre la amnistía fiscal, la subida de impuestos, el incremento de la luz y el gas, el abaratamiento del despido o esa cita memorable del actual presidente del Gobierno cuando dijo aquello de “aquí hay un presidente que va a dar la cara, que no se va a esconder ante la crisis”. Acuérdense de que se caza antes a un mentiroso que a un ciego, de que uno es esclavo de sus palabras y dueño de lo que calla.

Sería una frivolidad decir que los partidos mudan la camisa cada cuatro años en lo que a política económica y social se refiere, algo imposible si se tiene en cuenta que el vicio del pasado no permite encontrar las soluciones que clama el presente; por su parte, simplemente desarrollan un modelo que intenta lucir en los pasillos donde se libra la guerra especulativa; en las bolsas, donde se encuentran 600 millones de dólares en derivados financieros (renta variable, renta fija,  acciones, índices bursátiles, bonos de deuda privada, entre otros) que suman 11 veces el PIB mundial y en los paraísos fiscales, donde se esconde una cuarta parte de la riqueza del mundo.

Conocido es en el supremo arte de la guerra que lo más importante es doblegar al enemigo sin luchar.

Esa guerra nos sitúa frente a un torbellino de incertidumbres, soflamas y señuelos que diseñan nuestra realidad a través de un “discurso” político ambiguo, propio de un reino de la esperanza donde todo puede ir a mejor, aunque lo cierto es que todo está yendo a peor.

Por algo no es de extrañar que España se encuentre en el ojo del huracán y sufra un riesgo real de ser intervenida por la Troika, ya que la microinyección de liquidez del BCE a las entidades financieras españolas, cerca de medio BILLÓN de euros desde diciembre de 2011, tan sólo ha servido para que nuestros bancos hayan parcheado sus balances y comprado nuestra deuda pública, pero sin lograrse el objetivo de atraer inversores extranjeros. Desde enero de este año los bancos españoles han destinado 500.000 millones para este mercado, aumentando su cartera de deuda pública hasta el 88,8%, desde diciembre de 2010. Y aquí es el donde radica el principal riesgo, ya que la banca se está quedando sin dinero para seguir asistiendo a las subastas del Tesoro Público, lo que está inflando las tensiones en todo el continente y alentando los fantasmas del rescate. Por cierto, algo que haría pingües beneficios a unos cuantos acreedores de nuestra deuda. Y llegados a este punto el Gobierno opta por la siguiente solución temporal e insuficiente, para los mercados: 10.000 millones de euros menos en educación y sanidad y 50.000 millones más para la banca. ¿Sostenible esta espiral?. Insostenible e insoportable.

Por todo ello, en estos días de escasa crítica política a la banca y a los organismos internacionales,  los ciudadanos que caminan fuera del rebaño, los que no se olvidan de regar su cerebro y enchufarse a la corriente alterna del pensamiento, están impotentes. Necesitan representarse por sí mismos, y de ahí que el próximo día 12 de mayo la población, sin banderas y con las mismas causas, vuelvan a las calles para exigir justicia social, ya que la clase sindical de moda, UGT y CCOO, sale un día a hacer ruido pero no logra hacer frente al juego del doble discurso político. Un discurso en el que se nos enseña la patita, como el lobo de Caperucita, pero se esconde el cuerpo de un ogro, dominado por los lobbys, el fanatismo y la religión del pensamiento único; basado en un capitalismo extremo, totalmente desregulado y en el que los grandes capitales dejan a Estados y pequeños inversores fuera del terreno de juego. Y parece que nadie gana, pero sí, ganan los mismos que montaron este embrollo paranoico de cifras megalómanas; y pagan los de siempre. Algunos ni eso, ya que eligen el suicidio antes que la mendicidad.

La injusticia social impuesta por la dirección de la Troika, léase Alemania, es la fase natural de un proceso expansivo donde los Estados son engullidos por el tsunami económico del rey de la selva. Un pregunta que cabe hacerse es si puede llevarse a cabo un cambio real bajo las siglas de una traición sindical y política dominante. ¿Debemos estar auspiciados por los mismos “capitanes” que permitieron el hundimiento del barco?. Suena a incoherencia.

Que la reforma laboral no es un salvavidas para el trabajador es tan cierto como que el patrón siempre ha gozado de más derechos que deberes en materia de empleo, antojándosele a cada Gobierno una venta ad gustum de los exiguos derechos con que cuenta un currito.

Ejemplos no faltan para entender cuál es el mecanismo vicioso, corrupto e injusto que hace rodar el viento de la deuda, el déficit y la competencia.

Ahí tenemos la primera intentona de abaratar costes para el empresario en 1988, cuando el Gobierno de González impulsó el Plan de Empleo Juvenil. Se creaba un nuevo contrato laboral, llamado “relación laboral de carácter especial” para jóvenes de entre 16 y 25 años que no hubieran trabajado más de tres meses en toda su vida. El salario de este nuevo contrato era el mínimo interprofesional, y las empresas tenían una bonificación del 100% de las cuota de la Seguridad Social en la parte de contingencias comunes, es decir, gasto médico y bajas; lo que llevaría a una merma en la contratación de trabajadores adultos. Sin embargo, tras una huelga general el Gobierno rectificó y eliminó el famoso Plan de Empleo Juvenil, con lo que se consiguió un éxito total por parte de la clase sindical, muy diferente a la de hoy en día.

Por otra parte, en 1994, también con Felipe González, se tramitó una reforma laboral, tras el ingreso en Maastrich (aplaudido por todos los partidos políticos, excepto una parte de IU y de HB). En esta hubo asimismo una huelga general, aunque sin que se lograse cambiar el texto legislativo, en el que por primera vez se introduce el contrato basura, con la ampliación del contrato de formación y aprendizaje hasta los 25 años. Y puesto que en la práctica muy pocas empresas usan la formación, lo que se consiguió fue crear una puerta para contratar personal a bajo coste.

Además se introdujo el contrato en prácticas con una duración entre 6 meses y 2 años, retribución fijada en convenio (no inferior al 60% del salario para un trabajador en el mismo puesto y al 75% el segundo año);  y algo muy importante y que nos suena mucho, se incorpora en el despido objetivo las causas organizativas y de producción, a la vez que se eliminó la obligatoriedad de contratar a través del INEM.

Bien, pues aunque en 2002 hubo otra reforma laboral, con huelga, y los sindicatos lograron cambiar puntos importantes, (mejoras del subsidio agrario y de los autónomos, compatibilidad del cobro del paro con otras rentas y la protección del desempleo para los fijos discontinuos), lo cierto es que en la anterior ya se habían fijado los tramos a seguir en el establecimiento de una política económica que quedaría anquilosada en momentos de crisis, y que hasta 2007 no empezamos a sufrir con el estallido de la burbuja inmobiliaria.

Pero vayamos al grano y expliquemos por qué es “necesaria” para la Troika una reforma laboral, insolidaria y sin derechos, en España.

Con el estallido del apocalipsis financiero, fruto de una especulación depredadora en el ladrillo y de un gasto fatalmente gestionado, España se da cuenta de que tiene una economía sin valor añadido, como el mercado de patentes, la industria tecnológica o el parqué automovilístico. Una economía dominada por el cemento y prisionera de capitalizaciones de alto riesgo, fundamentalmente en inmuebles que día a día van a la baja.

A partir de 2009 se ve imposible mantener el Estado del Bienestar como lo conocemos y empiezan a cometerse planes de consolidación fiscal, en un período de recesión y con una tasa de desempleo por encima del 20%. Un plan de ajuste marcado por los pactos cuasi tácitos y la doctrina del miedo.

Las claves de los abusos que pueden cometer los mercados en nuestro país y la No Soberanía con que cuenta España y los Estados miembros quedan manifiestas en la declaración de José Manuel Durao Barroso, en su discurso en el Instituto Europeo de Florencia, el 18 de junio de 2010, cuando dijo que “lo que está ocurriendo ahora es una revolución silenciosa que avanza a pequeños pasos, hacia una gobernanza eeconómica más fuerte. Los Estados miembros aceptaron conceder a las instituciones europeas amplios poderes en materia de control”.

En mayo de 2011 se produjo un golpe de estado financiero auspiciado por los Gobiernos de la UE, con la puesta en marcha del Pacto por el Euro Plus, con el que se desarrolla una política de regresión salarial. A ello hay que sumar la reforma Express de la Constitución para limitar el techo de gasto público de las administraciones en España, aprobada en pleno verano por socialistas y populares.

Si tenemos en cuenta las imposiciones que conlleva la permanencia en el Euro nos damos cuenta de que la obsesión por la austeridad no es nueva. El Tratado de Masstrich obliga a contener el déficit público en el 3%, la deuda pública en el 60%, la inflación en el 1,5%, y a partir del año 2000, con el Euro en funcionamiento, los gobiernos se quedaron sin margen para operar en la política monetaria y muy escasa en materia fiscal; por ello, al no poder hacer una devaluación de su moneda, los estados sólo pueden asistir a los mercados en momentos de crisis deficitaria con una reducción constante de salarios, conocida como desinflación competitiva. En nuestro caso, además, asumiendo un paro del 23% de la población española y más de 10.000.000 de pensionistas.

Por lo tanto, y a tenor de lo expuesto, se antoja necesario el abandono del Euro y la creación de otra Europa, sin Alemania, debido a que la Goldmansachización de la Unión Europea  obliga a los Estado miembros a hacer reformas laborales que minoren o eliminen la negociación colectiva y que den manga ancha a los empresarios para disminuir el salario con el supuesto fin de ser más competitivos; como la que acaba de poner en marcha el Ejecutivo de Rajoy. Es lo que piden los mercados, a quienes han encomendado el poder económico. Es a ellos a quiénes se les consulta, cual Oráculo, la senda que han de trazar, y no a los Gobiernos o a los ciudadanos. Los recortes, la bajada de sueldos y el aumento de los precios son un contrasentido, si lo que se busca es un crecimiento real de la economía, como avalan varios Nobel de Economía.

A tenor de estos tratados, de la coyuntura económica de la Eurozona y de los problemas estructurales de cada país, la sociedad española, griega, lusa, italiana, belga e irlandesa “aceptan” que la principal “soberanía” que le queda es la producción de salarios low-cost. En caso contrario, ¿es suficiente una huelga general promovida por los dos sindicatos mayoritarios para frenar esta inercia injusta y abusiva?. La locomotora está en marcha. ¿Es lo que queremos?.

Xoán Leiro.