El chorizo español, por Xoán Leiro

Posted on 29 junio, 2012 por

10


chori


El chorizo es uno de los embutidos preferidos por los españoles. Su sabor es una explosión visceral deliciosa, capaz de seducir al más mojigato, sobre todo si va acompañado de un buen vino.

Y precisamente la amistad culinaria me que nos une a esta delicia me lleva a hacerle un homenaje, a la vista de que en los últimos tiempos estamos acudiendo a esta palabra, con mucha frecuencia, para designar a todo tipo de mangante y bandido de las finanzas y la gestión pública. Y me parece un término adecuado, si se tiene en cuenta la procedencia palustre de ambos elementos; celebro el salto que ha hecho este alimento, de la charcutería a la vida pública de este país. Aunque haré algunos matices.

Aunque la definición de la RAE es perfecta para describir a este personaje turbio de la Administración, “pedazo corto de tripa lleno de carne, regularmente de puerco, picada y adobada, el cual se cura al humo” (mediático), el chorizo ibérico, a diferencia del político, tiene pedigree, denominación de origen. Tiene, eso que se llama, calidad. ¿Por qué?. Porque pasa una serie de controles; alimentarios, de elaboración, crianza…

Por su contra, el político no es famoso por pasar controles, y mucho menos de calidad. No tiene que demostrar méritos, ni tampoco grandes dotes intelectuales. Con tener cartera y aportar la limosna al partido, bendecido será por sumo sacerdote. No pasa controles fiscales, y si algún magistrado descarrilado se atreve a tocar la solfa a alguna Excelencia, rápidamente aparecerán movimientos (incluso inventados ex profeso) o bien un indulto, poniendo fin a la gesta de la santa Justicia.

En lo que a elaboración se refiere, poca cosa encontramos, si tenemos en cuenta que todo acaba en manos de funcionarios, trabajadores que mantienen en pie la Administración, para entregarle a Su Excelencia el apetitoso plato cocinado con los ingredientes que previamente se le habían entregado. Un plato sazonado con la sal del poder.

Sin embargo, el chorizo español sólo se parece en una cosa al ibérico. El abuso de ambos provoca úlcera sangrante. Y eso lo saben bien las arcas públicas y los trabajadores, exangües desde hace meses. Además, el político tiene la virtud de amputar la verdad a base de repetir una y otra vez la mentira, emulando las aptitudes goebbelianas. Así,  alude constantemente al derecho de defensa, a la presunción de inocencia y a la invocación de todo aquel que ha sido objeto de un linchamiento mediático, pese a no haber cometido delito. Es decir, al estilo fundamentalista que hace de la excepción la regla de honor.

A pesar del buen sabor que tiene el chorizo español, es un error que se quiera poner como ejemplo de comida sana, ideal para la dieta mediterránea que gusta en Europa, porque al contrario del teutón o el francés, el español tiene muchos ejemplares contaminados. Pasa lo mismo que con los pepinos, pero con la diferencia de que a los chorizos  los mantenemos en circulación.

La versión gastronómica de la política española suele presentarse a la sociedad como un obrero de la política. Un pobre y honrado trabajador que busca con denuedo y ambición, sobre todo mucha ambición, el bien supremo de todos, aunque resulte ser el del hombre invadido por la codicia, que no es otro que sacar la mayor tajada posible de la bodega social. Por ello, su currículum mediático se presenta como un vale de descuento para obrar a su antojo en el gobierno de todos. Vamos, la típica deidad que nunca llega a cadáver político. Ejemplos sobran en la España de la Gran Depresión…

Chorizos hay de muchas clases. Cebolleros, picantes, dulces, oscuros, claros, gordos, delgados. Su variedad y forma es un capricho comercializado desde las esferas más modestas a las más elitistas.

El chorizo político es más pícaro que el amor, porque mientras este se va por la ventana cuando la pobreza entra por la puerta, este embuchado, incluso en la más paupérrima situación resiste, para ver si puede aprovechar una última tajada. Previamente se había encargado de llevarse la riqueza a su casa. Aunque bien es cierto que  los chorizos se albergan en casas donde se permita comer cerdo. Y en España uno de los grandes problemas es que comemos demasiado cerdo.

A tenor de lo expuesto, podemos llegar a una conclusión: hay demasiados chorizos, porque hay demasiados cerdos. Quizás la cría debe ser más selecta; menos cerdos y mejores chorizos. Quizás los huertos deben ser abiertos; cambiar las cuadras por un campo luminoso. Aunque esto parece complicado, porque España es un manjar para los cerdos. Es una fábrica de chorizos.

Fotografía: Frabisa