Capitalismo “ecológico” vs consumo responsable, por Alonso Abal.

Posted on 28 julio, 2012 por

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Consumo responsable


La avaricia desmedida por la que se rigen los mercados, especialmente desde finales de los años 70 del siglo pasado, ha llevado a las rentas del capital a derivar sus especulaciones hacia nuevos sectores como  los biocombustibles, el sector alimentario y a la privatización del medio natural, del aire, el agua e incluso de los organismos vivos.

Esto no sólo acarrea como consecuencia las crisis alimentarias y el incremento de los precios de los productos, si no que también provoca que los especuladores aumenten los beneficios de manera injusta, promocionando hasta el infinito  un modelo de comercio económico global que se vuelve insostenible dada la limitación de recursos del planeta.

Una manera razonable de acabar con este círculo vicioso pasa por romper el vínculo establecido entre los alimentos, el transporte y  los productos y sistemas de producción que más dependen de los combustibles fósiles.

Acercar el productor al consumidor final de un producto alimentario, no sólo conlleva limitar la especulación con los alimentos, si no que también elimina, en gran medida, el incremento que sufren  los precios de los alimentos a causa de estar sometido el coste de su transporte al aumento especulativo de los precios de los combustibles fósiles, aunque también a la especulación creciente en otros sectores energéticos derivados del “capitalismo ecológico”. No debemos tampoco obviar que la reducción del transporte acarrea un innegable beneficio ecológico, lo que de manera coloquial llamamos: “matar dos pájaros de un tiro”.

El “consumo responsable” debe ser uno de los principales caballos de batalla de la revolución social y del nuevo rumbo de la humanidad si esperamos que exista un futuro para la propia especie y, por supuesto, para el resto de seres que habitan en el planeta.

Hay que tener en cuenta que las políticas neoliberales que se generaron a finales de los años 70 no sólo iban encaminadas a incrementar los beneficios y la preponderancia de las rentas sobre el capital, si no que uno de sus principales objetivos era el de limitar la libertad que durante los 30 años anteriores habían ganado los trabajadores al ver incrementadas sus rentas y sus derechos. Su plan  fue aplicar políticas de recorte de salarios y de estos derechos para, de esta manera, y siguiendo los experimentos sociológicos llevados a cabo por el “Grupo de Chicago”, propiciar la división de la sociedad y el fomento del individualismo. La mejor baza de las oligarquías que tienen el poder, fue hacernos creer que dominábamos nuestro destino, convenciéndonos de tener una libertad que en realidad nos estaban robando, mientras ellos se encargaban de dinamitar nuestras redes sociales, separándonos de la fuente primaria de alimentación, y de los ciclos vitales de la naturaleza.

Como también se dice del diablo, su mayor victoria fue convencernos de que no existían, mientras seguían dirigiéndonos a un destino antinatural desde la sombra.

Es pues, la recuperación de las alternativas sociales y de consumo, así como de los ciclos que nos marca la naturaleza, otra de las batallas que debemos librar para recuperar la libertad que nos han robado y, desde luego, otro de los grandes argumentos a favor de las redes que se crean alrededor del “consumo responsable”.

Por otra parte, no debemos olvidar que las clases dominantes prosiguen con sus argucias y engaños, y estos no pasan sólo por seguir la “doctrina del shock”, amedrentándonos con primas de riesgo y rescates que nos conducirán al infierno, si no que, entretanto, intentan, con “argumentos ecologistas”, apropiarse de algo que es de todos los seres que habitan el planeta.

Aunque es cierto que habían conseguido que una parte de la gente  relegase  la ecología a la  esfera secundaria de los hobbies, la creciente conciencia medioambiental y el aumento del respeto a la biosfera como elemento esencial de nuestra supervivencia (y de la del planeta), chocan frontalmente contra el enfoque del sector ecológico como nuevo nicho de mercado que pretende el  capitalismo. Esta extensión de la especulación es el siguiente objetivo de los que únicamente poseen un instinto depredador insaciable y del todo antinatural.

El intento de apropiación de los recursos “ecológicos” no es nuevo, para ello sólo debemos recordar que desde hace años se llevan a cabo políticas de privatización del agua, patentes de semillas e incluso de bacterias tanto terrestres como marinas (algo que resulta moralmente incalificable). Además las falsas soluciones tecnológicas como la geoingeniería y el cultivo de agrocombustibles solamente contribuyen al empobrecimiento de la tierra y los mares.

No olvidemos tampoco que el aire se privatizó desde el momento en que ciertos países pudieron comprar a otros las cotas de las emisiones de gases contaminantes que estos últimos no agotaban (estos valores de emisión también se someten a mercados especulativos), y que ahora se extienden a otros campos, apareciendo así los Bonos de Biodiversidad y los Bonos del Agua.

Este “capitalismo ecológico” nos asalta también desde las estanterías de las grandes superficies comerciales, pero estos supuestos productos ecológicos obvian que la contaminación que se produce en el transporte, en las grandes superficies de producción de monocultivos y/o explotación animal, por el consumo de productos en la que no es su temporada natural, y otros detallitos endémicos de las redes de alimentación del sistema capitalista, echan por tierra las etiquetas de “producto ecológico”.

Las redes de “consumo responsable” no sólo luchan contra la privatización de los recursos ambientales, también nos acercan a los productores, y estrechan los lazos con la tierra que nos proporcionan los alimentos y, desde luego, nos ayuda a entrar en el ciclo sostenible del planeta. Además esta forma de consumo representa un acto de rebelión contra un sistema que roba las tierras de los pueblos indígenas y agricultores, que monopoliza los cultivos a través de los sistemas de agricultura controlada, que apoya la deforestación (escudándose en los planes REDD y REDD Plus), que privatizan los espacios naturales y que, en definitiva fomenta la Biopiratería.

Debemos apoyar estas redes e involucrarnos en ellas si queremos ser coherentes con el nuevo rumbo que debe tomar la sociedad, porque de lo contrario, seguiremos apoyando a quienes nos conducen a la extinción.

Debemos informarnos y acercarnos a una nueva forma de consumo responsable y que contemple el Decrecimiento Sostenible, ya que con el sistema actual sólo contribuimos a engordar el poder y el control que las oligarquías dominantes ejercen sobre el planeta y los seres que lo habitamos.

Debemos tener en cuenta que consumir de forma responsable es una manera muy asequible de luchar contra los que quieren controlar nuestras vidas.

Defender la soberanía alimentaria y el consumo responsable debe ser una batalla diaria, podemos ejercerla desde nuestras carteras y nuestro cuerpo, nuestro planeta, y los seres con los que convivimos serán beneficiarios inmediatos.

Alonso Abal.