Democracias, es el momento. Por Xoán Leiro

Posted on 4 septiembre, 2012 por

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La mentalidad española sigue siendo hija de los siervos de la gleba. Eso se nota en nuestra historia y en nuestro presente. No somos capaces de cerrar heridas, de pasar página, de culminar un proceso democrático, de unirnos bajo un mismo frente (la crisis) y de vomitar las impurezas que dominan nuestros más vastos pensamientos. Esos mismos que son necesarios para que un pueblo resurja de las cenizas o se hunda en el océano del fanatismo. Dijo Franklin D. Roosvelt que “la aspiración democrática no es una simple fase reciente de la historia humana. Es la historia humana”; y no le faltaba razón.

Este es el momento de crear un concilio que nos lleve hacia la libertad, la paz, la iguldad de oportunidades, la separación de poderes y a una verdadera democracia; a la disciplina de la razón. He aquí cuando toda la arquitectura social está en peligro y los fantasmas de la estigmatización están ansiosos de poseer los cuerpos sociales, hacerlos suyos e impedir que todos podamos aspirar a hacer realidad nuestros sueños.
Por ello es fundamental saber que también estamos ante otro momento. El momento del populismo, de la desesperación, del enfado colectivo, de la decepción, de la miseria moral e intelectual, del despropósito político, del saqueo económico de los fuertes sobre los más débiles, de la corrupción institucionalizada, del delirio mediático, de la farsa democrática, del pseudoliberalismo, del pensamiento único, y sobre todo, del acecho de muchos colectivos totalitarios, intolerantes, violentos y muy radicales que como los carroñeros aguardan el punto álgido en el que todo el sistema se colapse, se desmorone, se contraiga y la gente convierta sus gritos en faros de angustia. De ese estadio, en definitiva, en el que aprovecharse del vacío social y moral de las personas para lavarles sus cerebros de falsas esperanzas, de promesas jamás cumplibles, de ideas enfermizas y de soluciones “finales” en favor del bien común.

No es una casualidad que el 15 de septiembre el fascismo español se una bajo la bandera de la demagogia para, a cara descubierta, cargar contra todo el sistema democrático del país, que aunque imperfecto, quemado, vilipendiado y atrofiado por el uso torticero de muchos que han llegado a las instituciones en las dos últimas décadas, sigue contando con el respaldo social necesario que merece una democracia, aunque este respaldo esté dirigido, sea fruto del señuelo televisivo y la promesa incumplida, y se acerque más a un mundo de fantasía que de realidad.

Lo trágico en el incumplimiento de un discurso, de la palabra política, no es ganar o perder unas elecciones, ganar o perder respaldo social, sino que es ganar o perder legitimidad como instrumento social.

Pese a que buena parte de nuestras instituciones democráticas, como los dos altos tribunales o el Parlamento se han solapado y han perdido el respeto de sus ciudadanos, (según el CIS, los políticos son el mayor problema de los españoles, tras el paro), lo cierto es que su papel es vital para el funcionamiento de una democracia.

La sociedad libre se organiza en colectivos de representación para conseguir derechos  sociales y fines sociales. Así, lo hace en partidos políticos, en asociaciones de consumo, en sindicatos, asociaciones culturales y un largo etcétera que nos permite definirnos como demócratas. Otra cuestión es el uso totalitario y maquiavélico que se ha venido haciendo en las mismas en los últimos tiempos, haciendo uso de la dedocracia, la plutocracia y la partitocracia para romper la escasa raigambre democrática de este país.

Pero hoy ya no tenemos tiempo en demasía para abordar los desafíos ontológicos con el valor que requiere la coyuntura actual. Mientras la vertiente demócrata pierde fuelle y es tomada por individuos sin escrúpulos y egoístas, la libertad sufre una caída inversamente proporcional al ascenso de los discursos fascistas y que atentan contra la libertad de las personas.

Es el momento de aparcar las diferencias y los intereses particulares para luchar contra un mismo enemigo. El fanatismo y sus derivados ideológicos. Para luchar contra quienes creen que su condición es cuasi divina; para luchar contra los falsos mesías y los salvapatrias. Es la hora de la verdad, de la justicia, de la razón.

Vivimos en ese minuto que hará que la historia se escriba en varios libros o en uno solo. Ese minuto en el que se decide si los colegios tendrán varios profesores o una única voz dando las mismas consignas en forma de bocadillo ideológico.
Es el minuto de los hombres y mujeres de Estado; de los demócratas, unidos para resolver sin complejos las disfunciones de este sistema invadido por la praxis macabra y despótica; un sistema basado en una competencia furibunda y desleal, donde los principios solidarios y el buen hacer de las personas queda ocultado por la esfera egocéntrica. Donde el contexto en el que nos desarrollamos y este planeta corren el riesgo de asfixiarse si la lógica no se impone sobre el fundamentalismo de la avaricia.

Es el momento de darnos la mano con franqueza, de luchar por lo que es nuestro y por lo que han conseguido nuestros padres y abuelos, no con poco esfuerzo. Es el momento de mirarse a los ojos y decir: sí quiero.

Xoán Leiro.